CAPÍTULO 12

1185 Palabras
Se sentía jodidamente bien besar los nudillos de aquella chiquilla rebelde. Estaba tan confundida de volver a verme y más que desencajada cuando su padre le dijo que sería el nuevo custodio. Sin lugar a dudas en una le daba la razón al viejo, tenía un carácter de la hostia lo comprobé al escucharlos discutir. Una lengua mordaz y bastante viperina., era en mi opinión el demonio disfrazado de tierno ángel. Aprovechando los minutos ya que la tenía frente a mí le hice un rápido escaneo. Su estatura la consideraba promedio, elocuentemente no catalogaba en aquellas que sin dubitarlo consumía mi deseo de follarlas hasta el cansancio, adoraba a las altas y estilizadas... Ella a comparación era considerablemente más baja, menuda, totalmente curvilínea... Una enana maldita. De esas cuyas piernas podrían enredarse con mucha facilidad en mis caderas. Poseía un rostro típico de muñeca sin ningún tipo de imperfección, seguramente tan terso y suave como resultaba la piel de la mano que besé. Sus labios carnosos iban maquillados de un tono rosa. Y era portadora de la mirada más felina que había visto jamás. De un tono entre miel, ámbar y dorado adornado de tupidas y largas pestañas. Llevaba el cabello con el color de moda, un tono tan n***o como la noche que iba decayendo hasta terminar en un rubio muy suave. Suelto como la primera vez que la vi, largo y ondeado. Vestía un jean que acentuaba unas piernas bien tonificadas, acompañado de zapatos de tacón que le aportaban más altura, y su camisa en tonos rosa me permitía apreciar un tentador y considerable escote. Todo en ella emanaba refinamiento, educación y la mayor delicadeza posible. Sí, sí lo sé mi radiografía fue todo menos rápida, ¡soy un jodido mentiroso! Pero sin lugar a dudas me era imposible no apreciar a la personificación de una obra de arte. Si no fuere por el carácter de mierda y lo muy manipuladora que a simple vista me parecía pondría en duda la paternidad del viejo Anderson ya que en nada se parecían. -Será un placer poder trabajar para su padre y estar a su disposición Victoria.- Dicté de manera galante, soberbia, engreída. Su perfume inundaba la sala, un aroma a rosas y caramelo. Era una delicia. La observé con arrogancia aguardando su respuesta. -Pues déjeme decirle señor Romanov que en primer lugar no digo lo mismo,- alzó un pequeño y coqueto dedo en mi dirección, -porque estará a disposición de él, no mía, será su bufón más no el mío y si para usted es un placer oficiar de niñero pues me alegro. -Victoria,- gruñó su padre, -deberías ser más cortés. -¿En serio?, lo dice quién manda a la mierda a medio mundo cada vez que puede. - Contraatacó la enana endemoniada con sorna y sarcasmo. Estaba decidida a marcharse y dejarnos a todos enmudecidos, pero antes de lograr su cometido me dirigió una última mirada desdeñosa, viperina -Otra cosa señor Romanov... Los empleados se dirigen a mí como señorita Anderson, no se tome confianzas que no le brindé. Creo haber sido el único de los tres imbéciles en la oficina que he quedado pasmado con la pequeña descarada. Mark Anderson soltó una risotada ante mi estupefacción alegando divertido -Te advertí que no será tarea fácil muchacho., lidiar con mi hija es complicado, puedes ir a descansar y comenzar mañana preséntate en mi casa y hablaremos de los detalles. 😍😍😍😍😍 Mientras manejaba hacia mi apartamento, el remolino de sensaciones en mi interior me enloquecía. Me sentía satisfecho porque todo estaba saliendo conforme mis expectativas. El viejo se dejaba llevar por la labia y era un cornudo muy manipulable si aprendía a tratarlo. En mi primer encuentro había avanzado más allá de lo imaginable. Su yerno era un mueble más y conocía de sobra cómo manejar a los sujetos como él. El problema radicaba en la gatita que comenzaba a sacar las garras. Era la primera vez que una mujercita me dejaba atónito, tan sumisa cuando la vi en esa discoteca, y tan descarada, arrogante y soberbia esta tarde. Me encolerizaba que alguien tomara el control, a excepción de mí. Pero me excitaba la forma en que de brazos cruzados, tanteaba sus pies en protesta a la pérdida de tiempo y paciencia., dejando solamente a mi vista sus generosos pechos subir y bajar al compás. Era una coqueta, caprichosa y manipuladora niña rica. Pero sexy como la mierda. Mente fría Dominic, mente fría. Con el manos libres de mi celular, llamé a mi confidente. El marica preferido. -Quiero suponer que te fue bien.- Dijo de inmediato. -Sí Iván, mucho más que bien. A partir de mañana seré el escolta personal de su princesita. Sonreí. -Oh amigo dime... ¿Es tan ardiente cómo todo el mundo la describe? ¡Qué mierda! -¡¡Iván!!- Gruñí irritado, sin saber a ciencia cierta porqué. Sentí como carcajeaba al otro lado de la línea. -Calma tigre es pura curiosidad... Escúchame bien cabrón, el jefe tiene lo que le pediste. Maldición, eso me sacaba de mis casillas. -¡Joder! no me gusta hablar de eso por teléfono Iván, ¿qué tienes en el cerebro? -Lo sé, tampoco es de mi agrado hacerlo, pero nos ha exigido una entrega a cambio de tu favor Dominic, y no es buena idea hacerlo esperar. -Dom, lo haré por ti si así lo deseas, te debo muchas.- Declaró notando el tenso silencio del que resultaba víctima. Definitivamente eso sería inconcebible. Levedev era lo único de familia que me quedaba, primero muerto antes de que se arriesgara para salvar mi pellejo. -No digas gilipolleces, estamos juntos en esto e iremos juntos hasta las últimas consecuencias, pasaré por ti en la noche. Resignado, Ivan balbuceó un "está bien ". Y antes de terminar la llamada le comuniqué -Buscaremos unas bebidas y unas ardientes morenas, lo vengo necesitando. 😍😍😍😍😍 La ya estruendosa risa de Iván me estaba descolocando. -Me estás diciendo que una enana que recién ha alcanzado la mayoría absoluta de edad, ¿te puso los puntos?- Repetía con gracia e incredulidad. Se burlaba de mí, ruso de mierda. Las luces de neón y la música electrónica resonaban en la discoteca a la que generalmente concurríamos. -Tiene veintidós, y no permitiré que vuelva a dejarme en ridículo.- Mascullé cabreado hasta la médula. -Necesito felicitarla hermano, hay que tener los cojones bien puestos para hacerle frente a Dominic Romanov.- Prosiguió Levedev divertido, burlesco y haciéndose el show. -Esa niñata no sabe con quién se ha metido Iván.- Refunfuñé lacónico. La morenaza que se encontraba sentada en mi regazo, besando con frenesí mi cuello se había ofrecido a ir a un lugar mas íntimo. Y yo, como gran hijo de puta que resultaba no pude negarme ante tal ofrecimiento, necesitaba por todos los medios liberar la tensión acumulada. Luego de un rato entre copas de Bourbon, me despedí de mi amigo y me encaminé con la acompañante de turno hacia mi automóvil. La zorra, estaba dispuesta a darme lo que quería sin pedir nada a cambio, y yo lo tomaría con el mismísimo gusto.
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