DOMINIC
Esa tarde me presenté en el despacho de Anderson comentando mis inquietudes acerca del acecho de presuntos periodistas que buscaban una historia con la cuál desacreditar a su inocente hija.
Durante una amena charla el magnate se enteró del bochornoso episodio ocasionado por su primogénita y de cómo también, habían fotografiado cada uno de sus movimientos y planeaban exponer a la millonaria familia en todos los medios de comunicación.
-De verdad jovencito agradezco enormemente tus intenciones. Mi hija es un poco rebelde y que me hayas evitado éste problema... No sé ni siquiera cómo devolverte el favor.
El sujeto me asqueaba era capaz de humillar a su propia sangre, con tal de no perder prestigio.
-En realidad señor Anderson en vista de lo ocurrido no pretendo que me dé nada a cambio, su hija realmente me tenía consternado., esos comportamientos son inconcebibles cuando se espera tanto de ella.
Me tomé unos segundos para admirar la estancia antes de continuar, todo en ella gritaba riqueza.
-Verá usted, hace poco vine de mi país natal y quise probar suerte en los Estados Unidos. Si me pudiese abrir una puerta en lo laboral estaría más que saldada la deuda. - Dicté con diplomacia y una pizca de lástima.
El hombre que se hallaba inmutable e incluso perplejo me observó sorprendido por mi frontalidad así que acomodándose la corbata respondió -¿Estás pidiéndome un empleo?
Aunque la conversación con el sujeto estaba tomando el camino deseado contar con la indeseable presencia de quién sería su futuro yerno, el que opinaba en una charla ajena me ponía de malas, muy de malas... Aumentando en mí un inmenso cabreo.
De él lo sabía absolutamente todo... Ese tipejo era un grano en el culo, un jodido grano en el culo.
-Por lo que aparentas... No pareces un vagabundo desempleado.- Espetó alzando una ceja y mirándome con desaprobación.
Las apariencias engañan gilipollas.
Sin importarme en lo más mínimo sus comentarios cínicos me encogí de hombros y con el carácter arrogante que tan bien me sentaba, dirigí la basta y mera atención nuevamente al dueño del puto circo.
-¡¡No lo soy!!... Pero sí me considero un hombre bastante ambicioso, y créame mis metas no están en administrar una oficina.
Fue instantánea la sonrisa de satisfacción que se plasmó en el rostro de aquel individuo. Un gran bastardo codicioso, le gustaba rodearse de personas con su mismo grado de ambición.
-Eso muchacho, es a lo que le llamo determinación y me gusta, no sólo porque me has salvado el culo de los periodistas sino porque eres un hombre de visión.
Por primera vez se levantó de su asiento. Posándose a mi lado, y palmeándome el hombro sopesó -Mi hija tiene problemas de comportamiento, y es algo que está alterando mis planes.
La infernalmente sexy de su hija.
-Si quieres ganarte un puesto en ésta empresa y un mando de mi confianza, saldaré mi deuda dándote el empleo de custodio de Victoria. Una persona que me informe qué hace o deja de hacer, qué piensa y hasta cuándo respira.- Sentenció con convicción.
Me estaba pidiendo que espiara a su propia hija, sin dudas era un cretino.
-Será una prueba de fuego. Realmente lo digo porque mi heredera tiene un carácter difícil de lidiar., últimamente tampoco soporta a su familia y el hecho de imponerle un escolta hará que enloquezca.
Sonreí maliciosamente, domar a la fiera resultaría divertido.
Incluso podría hacerla trastabillar emocionalmente.
Con esos faroles color caramelo y sus curvas tan deseables claramente me divertiría...
-Está bien señor Anderson, como ya le dije soy un hombre de metas claras y aceptar desafíos es algo que me encanta.- Sin que el viejo se percatara dirigí mi mirada hacia el poca cosa de Nicolás., quién de inmediato captó las segundas intenciones.
-Mark, no creo que sea conveniente. No me pongo en plan de novio sobreprotector, pero Victoria necesita límites fuertes, no un...- dudó un segundo antes de seguir, -un niñero del kínder.
Me había llamado ¿niñero del kínder? Ese hijo de puta se estaba buscando una paliza.
Mis manos empezaron a picar con el ferviente deseo de romperle la cara, sin embargo el empresario negó rotundamente ante la mención de su yerno.
-Nicolás ya he tomado la decisión, necesito que alguien sea la sombra de mi hija para que de algún modo pueda saber qué terreno piso con ella. Victoria es un tanto inestable Dominic... Y su novio, con los asuntos empresariales suele darle demasiadas libertades.
¿En serio, demasiadas libertades?
-Y por ello, no está capacitado para estarle encima.- Concluyó Anderson.
Bueno si por estarle encima fuera, de seguro que no tendría inconvenientes, podría estarle encima, abajo o sobre alguna mesada.
-Muy bien si eso es todo, estoy de acuerdo, usted dígame cuándo empezar y lo haré sin rechistar.- Y con mucho gusto agregué para mis adentros.
Mark, volviendo a su postura inicial se limitó a observarme.
-Pretendía que lo hicieras ahora mismo ya que tengo que aclarar el problema con mi hija... No daría tiempo a que cometiera alguna imprudencia.
Asentí ante la mención... En verdad que tenía un muy bajo concepto de ella.
-Está bien puedo esperarla entonces.- Objeté.
Me levanté dispuesto a tomar un poco de aire, distraerme con la imagen del exterior que me ofrecía el amplio ventanal. Era sofocante compartir la habitación con ese cerdo hijo de puta, costaba de todo mi autocontrol para no lanzármele encima y partirle los dientes.
Entre tanto oí que suspiraba. De seguro que el mencionado Nicolás le habría dicho algo por lo bajo. El muy estúpido se sentía amenazado con mi presencia.
Vil hombre inseguro, lo que menos deseaba en este momento era bajarle las bragas a su noviecita. Podía tener a la que quisiera, no me detendría en ella.
-¿Dominic?- Indagó tajante.
Voltee para verlo mejor.
-¿Dígame señor Anderson?- Ese apellido se sentía como veneno en mi garganta.
-Solo quiero advertirte que tu relación con mi hija es meramente profesional, un sólo paso en falso de tu parte, o alguna segunda intención hacia ella y te advierto que conocerás lo peor de mí, ¿entendido?- Vociferó creyéndose ganster americano.
Apreté los puños tan fuerte como podía ante la descabellada idea...
Jamás, jamás me involucraría con alguien que portara ese apellido y muchos menos su sangre., la simple idea me daba asco.
El bastardo quería imponerme miedo, y lo gracioso era que yo, Dominic Romanov, no le temía a nadie.
-No se preocupe por eso señor Anderson, tengo muy clara mi posición.- Respondí breve.
Entonces la puerta se abrió suavemente...
Uno, dos, tres... que comience el juego.