CAPÍTULO 10

978 Palabras
...Cuando te dije que sería implacable, hablé en serio... ¿Qué significaba eso? Era un florero en lo que a mi vida personal refería... Estaba con un hombre por obligación... Ni hablar de laborar en un empleo soñado... Debía mantener una imagen de señorita refinada y ello incluía mi formación académica, el círculo social, mis amistades... Las personas con las que me codeaba, -todos impuestos por mi padre- eran de lo más hipócrita existente. Cada uno de ellos me trataba por el puto interés de llegarle a los calzones a Mark. Las amistades se reducían a una sola persona... Emma. No confiaba en absolutamente nadie más. Me rebajaba a soportar las constantes humillaciones de un cretino con aires de mafioso. No podía engullirme una grasienta hamburguesa en el momento que se me diera la gana porque debía de dar el ejemplo de la alta sociedad. Ni mencionar de ir a sitios poco apropiados... Por lo que me era negado totalmente casi todo aquello con lo que pudiese crear algún tipo de rebelión contra mi familia. Eso tan añorado como la independencia. Mi madre consumó sus años de juventud en un matrimonio arreglado, o esa era la version familiar que ambos recitaban cuando en arrebatos lacónicos cuestionaba el porqué de mi vida miserable. Pues ellos resultaban de familias adineradas y se estilaba en la élite de la alta sociedad el casamiento por conveniencia. Hecho que orilló a mamá a ser un florero, la sombra de un hombre reconocido. Una mujer sin voz ni voto. Un trofeo de digna apreciación. Y aunque contra todo pronóstico, con el pasar de los años acabó enamorándose de él y que ahora por mucho que hubiere cambiado Marian seguía amándolo como en sus años de apogeo. Recapitulando en las secuencias, mi existencia ya era una completa mierda, ¿Qué tan o más implacable podría ser mi padre con respecto a la misma? Como una típica niña que acababa de ser regañada me encontraba sentada con las manos cruzadas sobre mi regazo. Carente de todo tipo de emociones. Estaba hecha mierda sí, pero no lo demostraría, llevaba muchos años de práctica forjando mi coraza, una en la que como toda una reina, de forma erguida e inmutable esperaba el veredicto del Dios supremo. -Dadas las circunstancias Victoria, he decidido tomar una decisión un tanto extremista. Extremo es tu segundo nombre queridísimo padre... -Quiero que entiendas que por primera vez en mucho tiempo he diferido en cuánto a lo que tu novio piensa. Él se ha encontrado un poco... Reticente a lo que te voy a informar. Mentiría si dijera que me conmovió el vislumbrar que mi padre y ese hijo de puta hubieran peleado por la causa en común... La Victoria vengativa y siniestra danzaba alegre al son de las miradas asesinas que se dedicaban y me sentía jodidamente complacida, interiormente mejorándome el devastado humor. Haciendo caso omiso de los pensamientos que se vanagloriaban incesantes por mi mente Mark continuó hablando como si nada. -Creo que eres una persona incapaz de no sólo cuidarte a ti misma, sino una completa incompetente para hacer lo que se te pide,- el suspiro resignado de Mark me hizo comprender que era un último recurso al que había accedido, -te designé un custodio personal Victoria. La sorpresa inundó mis entrañas ante la mencion cómica y descabellada, y los ojos se abrieron como platos, redondos y enormes platos color ambarino... Un custodio personal... Algo así como, ¿un guardaespaldas? ¿Sería la versión moderna de Whitney Houston? Quise reírme a carcajadas limpias... No daba crédito a la estupidez que estaba diciendo. Encima de privarme a vivir mi propia vida, valga la redundancia., había contratado a un bufón para someterme un tantito más. -¡¡Me parece que estás siendo un poco extremista y drástico papá!!- Espeté incrédula, mordaz y con el vehemente anhelo de destrozar la oficina paterna por completo. -No, no lo soy. Te advertí que tomaría medidas, y si sigues comportándote de esa forma tan inaceptable... Te juro que no sólo te pondré un custodio, sino que te alejaré de todas esas personas que tanto quieres... Si es el precio que tengo que pagar para que de una puñetera vez me obedezcas, lo haré. Sabes perfectamente que no advierto en vano Victoria, creo que lo tienes más que claro. Sí, claramente sabía a lo que se refería. Cortaría mi relación con una de las personas más importantes para mí... Emma, y eso significaba estar al borde del precipicio. Maldito Mark, Hitler no le hacía mella definitivamente. -Bien papá realmente no quiero seguir discutiendo contigo, me agota mentalmente de verdad. Ahora dile a tu maravillosa hija, quién será su niñera.- Sisee hastiada de la situación que atravesaba. Entonces en renuente acto del maldito destino, jugarreta indeseada si las había, la persona que se había mantenido en el anonimato, en la penumbra de la sala volteó mostrando un impasible semblante. Recibiéndome con una sonrisa que no llegaba a sus ojos y éstos tornándose tan oscuros que todo rastro de humor que pudiera haber conseguido se esfumó al instante. Se me acercó de una forma tan encantadoramente aterradora, que el pulso se disparó por los cielos y mis piernas flaquearon. Extendiéndome esa mano que recordaba tan bien, varonil, cálida y reverendamente incitante al pecado indecoroso se presentó con galantería, soberbia y el más exquisito acento ruso -Dominic a tu servicio,- tomándose unos minutos como si se le hubiese olvidado agregar algo repitió, -Dominic Romanov a tu servicio. Y de la forma más espectacularmente posible, besó castamente el dorso y cada uno de mis nudillos... Enviándome cientos de corrientes eléctricas a todo el sistema nervioso... Apabullándome ante el magnetismo que emanaba... Hipnotizándome con las orbes que a plena luz del día lucían más gris azuladas que nunca... Demostrándome en tan banal gesto... Que habría muchos embrollos mentales con su sola presencia
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