Narra Mateo. Era de madrugada. Se observaban algunas estrellas por la ventana. —Qué te gustaría hacer?—le pregunte. Volteo la cara para mirarme. Le acaricié la mejilla con los nudillos—.Mañana. Pasado mañana. Y el día siguiente. Dime qué estás pensando—insistí. —No lo sé. —¿Cuánto tiempo quieres quedarte aquí? ¿O prefieres volver a casa? —interrogó. Sentí una repentina opresión en el pecho que me impidió respirar—. ¿Vas a volver a casa? Ella me tomó de la mano y con una sola palabra erradicó la preocupación. —Sí—respondió. —Perfecto. Bien. ¿Cuándo? —¿Podemos quedarnos aquí unos días? Si tienes que volver, ¿puedo ir yo después?—preguntó. Negué con la cabeza. —No pienso irme de aquí sin ti. Si quieres quedarte, nos quedamos los tres. También vendremos en verano—le mencione. —El h

