Narra Mateo. Camine por la playa tomando de la mano con Daniela, mi princesa se me arrogó en brazos en cuanto me vio. Habíamos hablado con ella, le dijimos que nos amábamos y que no volveríamos a separarnos. Megan estaba sentada en la arena viendo el horizonte. —Hola— dije cuando llegamos—¿En que estabas pensando? —Mi abuelo y nosotras encendíamos una hoguera aquí para preparar la cena y contemplábamos la puesta de sol. —Podemos hacerlo—le dije. —¿Te comerías una salchicha pinchada en un palo?—preguntó Megan. —Solo si lleva mostaza—respondí—.¿Crees que nunca he participado en actividades al aire libre? puedo encender una fogata. —¿De verdad puedes hacerlo? —preguntó Daniela. —Es algo masculino. Lo llevamos en los genes—respondí—.En el colegio íbamos de campamento. Nos enseñaron

