Devon
Al día siguiente está amaneciendo en Brighton cuando ya me encuentro duchándome para luego escoger mi atuendo para salir a recorrer el pueblo en busca de mi vestido para la gala del sábado. Es jueves así que no tengo mucho tiempo.
En Inglaterra durante el año predominan las bajas temperaturas. Estamos en otoño, a unas pocas semanas del invierno, así que el día está bastante fresco.
Opto por un body de mangas largas n***o al igual que el pantalón ajustado, mis botas de cuero con tacón cuadrado y un abrigo largo que se extiende hasta mis tobillos, es del mismo color haciendo mi atuendo monocromático.
Dejo mi cabello chocolate suelto, me rocío perfume y luego de tomar mi bolso con mi teléfono y mis tarjetas dejo la habitación.
En la noche le envié un mensaje a papá, aunque Nathaniel ya le hubiera avisado, quería contarle que había llegado bien, que la propiedad era un sueño y que había sido bien recibida por su amigo y el hijo.
Y él me dijo lo que ya había escuchado varias veces, que en cuanto tuviera tiempo libre del trabajo vendría a verme, que se alegraba que a primera instancia me hubiera gustado.
En el camino a la sala no me encuentro a Nathaniel, ni a Masen, ni por asomo al tal Cole. Pero es entonces cuando, para mí buena suerte, me cruzo a la mujer del servicio.
—Hola —saludo llamando su atención y ella me sonríe amablemente.
—Digame, señorita.
—¿Podría decirme dónde se encuentra el chofer de los Heaston?
—Está en la entrada esperandola, el señor Nathaniel le avisó que estuviera pendiente en caso de necesitarlo —me informa y le agradezco.
Cuando cruzo la puerta principal diviso al chofer enfundado en su traje de servicio dentro de la Range Rover, desciende al verme acercarme.
Si mal no recuerdo, ayer cuando me recogió en el aeropuerto me dijo que se llamaba Lawrence.
—Señorita Bellisario, el señor Nathaniel me avisó que podría precisar que la lleve al pueblo.
Asiento, —Me gustaría pasar por algunas tiendas, tengo que comprar un vestido y no conozco ninguna por aquí.
—No se preocupe —me abre la puerta—, le daré un recorrido por Brighton. El señor Nathaniel desocupó mi día para usted así puede recorrer con tranquilidad.
Eso fué un gesto muy amable de parte de Nathaniel.
—Genial —digo dandole una sonrisa antes de montarme en los asientos traseros, luego él sube como piloto y dentro de la camioneta enciende la calefacción.
Abandonamos la propiedad para pasar el día visitando las más lujosas tiendas de diseñador en Brighton.
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Para cuando regreso a la mansión ya comenzó a atardecer en tonos azules fríos, no porque haya pasado todo el día de compras, sino porque al acercarse el invierno comenzaba a anochecer más temprano. Eso me gustaba.
Todo en Brighton se siente diferente, como si el pueblo fuera un mundo aparte.
Las calles, las tiendas, las propiedades, la forma tan clásica y elegante de vestir de las personas, sus charlas y hasta la forma tan sofisticada en la que se mueven, como si de una película de los sesenta se tratase.
O eso había podido observar durante mi paseo por las tiendas lujosas y el rato que había pasado en una cafetería, cuando necesité algo caliente y también compré algo para Lawrence, para agradecerle su paciencia.
Mientras acomodaba mis compras la mujer del servicio, que me dijo se llamaba Isabelle, tocó a mi puerta preguntandome si quería que me subieran la cena, porque ni Nathaniel ni sus hijos cenarían en el comedor principal, así que acepté.
Luego de cenar realizo mi rutina de belleza noctura, me cambio a mi pijama de seda n***o y cuando estoy envuelta en las sábanas de la cómoda cama me encuentro decepcionada al darme cuenta que no tengo sueño.
No sé si es por el café extra grande que me bebí o el cambio de horario, pero doy vueltas en la cama intentando conciliar el sueño.
Bufo cuando me doy cuenta que es inútil después de pasar unos extensos minutos pretendiendo estar dormida, y salgo de la cama.
Me calzo mis pantuflas y bajo a la cocina en busca de agua, aunque es solo una excusa para vagar por allí haber si luego finalmente puedo tratar de dormir.
Los corredores envueltos en un profundo silencio están a oscuras excepto por la ténue luz del cielo de noche que entra por los ventanales.
Cuando estoy regresando de mi fugaz visita a la cocina un sonido lejano rompe el silencio sepulcral y me acerco de donde provino encontrándome con una habitación relativamente pequeña, como un estudio, solo tiene dos lámparas prendidas pero es suficiente para distinguir todo con claridad.
Hay columnas de libros apilados en una esquina, algunos cuadros también apoyados en el suelo y otros colgados, un gran escritorio de roble, bocetos hechos con carbón pegados en ciertas partes de las paredes y, sobretodo, muchas estatuas de distintos tamaños.
Mis pasos inconscientemente me llevan dentro, atraídos hacia un lienzo donde hay un dibujo hecho con carbón de una mujer que parece un ángel, con una expresión que me hace pensar que está atravesando algún tipo de dolor, físico o espiritual.
Todo es simplemente precioso e irreal.
—¿Se te perdió algo? —Doy un pequeño salto en mi sitio cuando una voz ronca resuena en el cuarto.
Cuando me vuelvo hacia el dueño de aquella voz siento como si algo golpeara mi pecho.
Tiene el cabello azabache desordenado, las cejas oscuras fruncidas y una mirada gris oscuro que se siente como si atravesara mi pecho, sus iris son como las nubes que avecinan una fuerte tormenta mientras oscurecen todo a su paso.
Por su expresión deduzco que parece algo disgustado con mi presencia.
—No, yo... —de pronto me olvidé hasta de mi nombre. Aclaro mi garganta—. Lo siento, no quería molestar.
—¿Entonces por qué sigues aquí? —suelta en un tono glacial. No sé si su objetivo es sonar de aquella forma tan filosa pero lo hace y por un momento me quedo sin palabras.
Un silencio tenso llena el ambiente y pongo a andar mis piernas directo a la salida antes de extender más ese extraño encuentro.
Con razón no es una persona sociable. Pienso para mis adentros.
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El viernes pasa rápido mientras voy al pueblo a comprar algunos materiales que me hacen falta para el lunes, regresando por la tarde cuando del cielo nublado comienzan a caer espesas gotas, para quedarme viendo una película francesa en la habitación hasta que caigo dormida.
El sábado amanece despejado y hasta sale el Sol, aunque las lluvias son algo constante a lo que tendré que acostumbrarme.
Durante el día visito un salón de belleza para estar impecable para esta noche, prácticamente será la primera vez que me verán y quiero dar una buena primera impresión entre las familias de Brighton, sobretodo por mi padre y los Heaston.
En el salón las mujeres solo hablaban del evento de esa noche.
Cuando regreso a casa tengo el cabello arreglado, unas ondas marcadas pero delicadas caen por mi espalda en cascada, y no exagero con el maquillaje, ya que menos es más me enfoco en lucir mis labios con un tono carmesí que hace resaltar mis ojos verdes.
El vestido que compré es de color n***o con un escote recto clásico y elegante, es ajustado al torso y abraza con sensualidad mis caderas antes de caer suelto y recto hasta mis tobillos, dejando ver mis zapatos abiertos del mismo color.
Cuando termino de ponerme mi collar, rocío perfume en mi piel y tomo mi pequeño bolso de mano para luego abandonar la habitación directo a la sala, donde me encuentro a Masen de espaldas a las escaleras.
Aprovecho su distracción para repasarlo con la mirada, tiene un cuerpo espectacular que resalta con aquél traje a la medida que le queda como un guante y altera mi sistema provocando un cosquilleo en mi vientre.
Escucha mis pasos y se vuelve hacia mí, le sonrío coqueta cuando su mirada repasa mi cuerpo hasta llegar a mi rostro. Se acerca a darme su mano para descender los últimos escalones y entonces percibo su colonia masculina.
—Te ves hermosa.
Lo miro y me encuentro con un brillo en lo profundo de sus magnéticos iris azules.
—Gracias —relamo mis labios—. Tu también te ves bien.
Pero él niega, —No fué eso lo que dije.
Antes de decifrar sus palabras Nathaniel aparece bajando las escaleras.
—Devon te ves hermosa —halaga y le sonrío—. Vamos, niños, que se nos hará tarde.
Ni siquiera pregunto si su otro hermano irá con nosotros, porque luego de lo de la noche anterior dudo que sea del tipo que asista a esta clase de eventos donde se debe sociabilizar y no dar comentarios mordaces y mirar a los otros como si fueran la mugre en tus zapatos.
Nos ponemos a andar hacia la salida y de reojo puedo notar la mirada que me da Masen antes de mirar al frente y dar una profunda inhalación. Entonces atrapo mi labio inferior con mis dientes conteniendo mi sonrisa de satisfacción.