1. Los Heaston
Brighton, Inglaterra.
Devon
La Range Rover negra avanza por las calles de Brighton, un pueblo pequeño y exclusivo ubicado en Inglaterra, las fastuosas propiedades con jardines deslumbrantes se pasean frente a mis ojos y aunque estaba acostumbrada al lujo, eso era otro nivel, todo en Brighton grita dinero viejo.
Pero de eso se trataba, ya que la exclusividad de Brighton le impedía el acceso a cualquier persona, sin importar cuánto dinero tuviera. El pueblo está habitado por empresarios importantes, diplomáticos, aristócratas, personas con apellidos importantes que forjaron las bases de lo que son hoy en día décadas atrás, de esos apellidos que dominan el mundo.
La camioneta se detiene frente a una verja negra que lleva la H en el centro, estas se abren y el chofer avanza por el jardín principal que es un terreno extenso, cubierto por un verde césped y arbustos perfectamente cortados. Rodea una fuente en la que hay una mujer con una vasija de la cual cae agua que parece ser infinita.
La propiedad me deja deslumbrada, ya que tiene un estilo victoriano que me hace pensar en que pertenece a esa familia desde generaciones. Aunque sutilmente estrecha es extensa e imponente, ventanales altos y balcones con detalles de molduras sofisticadas, y tejas azul oscuro donde supuse se encontraba el ático.
El chofer me abre la puerta y le agradezco cuando desciendo, mi mirada se encuentra con un hombre que camina hacia mí desde la entrada. Su cabello es n***o, sus ojos de un azul profundo, de figura esbelta enfundado en unos pantalones de vestir negros y una camisa blanca arremangada, es guapo y no debe tener más de cuarenta años.
—Bienvenida, Devon —me saluda cordialmente tendiendome la mano y la estrecho.
—Gracias, señor Heaston.
—Dime Nathaniel —dice él y asiento con la cabeza a la vez que suelto su mano. Nathaniel es un buen amigo de mi padre desde adolescentes cuando ambos asistieron a la Universidad Élite de Brighton.
Mis ojos dan con la otra persona que viene hacia nosotros, es idéntico a Nathaniel pero en una versión más jóven de él, cabello azabache y cejas oscuras, ojos del mismo azul oscuro, la misma altura imponente y un cuerpo escandalosamente atractivo.
—Tu debes ser Devon, nuestra nueva inquilina —habla con aquél sofisticado acento británico que suena exquisito en su voz.
—Así es —respondo con una sonrisa.
Me tiende su mano y también la estrecho, —Masen, un placer.
Un brillo cruza sus iris azules cuando me sonríe de una forma que me arrebata el aliento.
—Igual.
Suelto su mano finalmente cuando vuelvo a ser consciente de que su padre está a nuestro lado.
Aclaro mi garganta, queriendo preguntar por el Heaston que está faltando porque según mi padre Nathaniel tiene dos hijos, pero entonces el antes mencionado vuelve a hablar dirigiéndose a Masen.
—Llevala a su habitación, hijo, muéstrale la propiedad —Masen asiente—. Estaré en mi oficina en caso de que me necesiten, le avisaré a Massimo que ya estás aquí.
—Bien.
Nathaniel se encamina de regreso a la casa y su hijo extiende su brazo invitándome a avanzar, —¿Vamos?
Me encamino en la misma dirección con Masen a mi lado. El interior de la fastuosa propiedad es impecable, como lo supuse tiene techos altos y paredes en tono crema con sofisticadas molduras victorianas , un llamativo candelabro de cristal en el techo y mueblería antigua y elegante en perfecto estado.
La mansión Heaston es sin duda alguna magnífica, y será mi residencia durante mi primer año en la Universidad Élite de Brighton, una universidad igual de exclusiva que el pueblo, a la que no cualquiera tenía acceso, no solo por sus elevadas cuotas, sino porque solo ciertas personas eran admitidas luego de pasar un riguroso examen de aceptación, además de tener que contar con un historial académico impoluto y provenir de una familia de renombre.
—¿En qué carrera estás? —pregunta Masen haciendo que lleve mi mirada hacia él mientras avanzamos por un corredor de suelo de madera oscura.
—Leyes, quiero ser abogada.
—¿Por qué abogacía?
—No me gustan las injusticias —respondo sin tener que pensarlo.
Él asiente comprensivo, —Lo admiro.
—Y también porque soy buena discutiendo con la gente —agrego haciendolo sonreír—.¿Y tú? —vuelvo a mirarlo.
—Administración de empresas —responde y entonces se detiene frente a una puerta blanca—. Aquí es.
Abro y me encuentro con una habitación espaciosa, como el resto de la casa con paredes en tono crema, el techo con una forma cupular con un pequeño candelabro, una cama king size perfectamente hecha, un balcón, un escritorio y demás cosas que la hacen ver acogedora.
—¿Te gusta? —pregunta Masen a mis espaldas.
—Me encanta, es preciosa —digo observando los detalles antes de volverme hacia él que está apoyado en el marco de la puerta con sus brazos cruzados.
—Bien. Te dejaré para que te instales, la cena estará lista en un rato por si prefieres bajar o que la suban aquí.
—Bajaré.
Él asiente a mi respuesta.
—Nos vemos, Bellisario —dice dándome una última mirada y sale cerrando detrás de sí, por un momento me quedo observando la puerta intentando caer en el hecho de que pasaré casi todo un año conviviendo con ese Dios griego bajo el mismo techo.
Una sonrisa tonta tira de mis labios y paseo la punta de mi lengua por mi labio inferior, antes de despejar mi cabeza y ponerme a desempacar mi equipaje que ya estaba allí.
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Cuando termino de desempacar ya está comenzando a anochecer, mi estómago se siente vacío así que decido salir de mi nueva habitación y me encamino por los extensos corredores de la mansión hasta la cocina.
En el camino mi mirada divaga entre los cuadros y las fotografías que adornan las paredes y los muebles, haciendome detener para detallarlas mejor.
Todas son de la familia y la mayoría son de los hermanos Heaston de pequeños.
Reconozco a Nathaniel unos años atrás con un niño que es su copia, evidentemente se trata de Masen. Después hay uno de una mujer de cabello azabache y labios pintados de carmesí dándole un beso en la mejilla a un niño que arruga su pequeña naríz en un gesto tierno que me hace sonreír.
¿Será ese el hermano de Masen?
Por un momento siento que estoy mirando algo muy personal y privado de la familia, así que continúo mi camino preguntandome cómo lucirá y dónde estará el otro Heaston.
Cuando llego al enorme comedor lo encuentro vacío pero con la mesa de roble puesta, otra vez, solo hay tres juegos de cubiertos, platos y copas.
Unos pasos resuenan a mis espaldas cuando me volteo y veo a Nathaniel pasar por mi lado, directo a ocupar el que supuse era su lugar al extremo de la mesa.
—Siéntate dónde quieras, Devon —dice con amabilidad y ocupo uno de los dos lugares que están uno frente al otro, escogiendo el que queda frente a los ventanales que dan al exterior. En eso aparece Masen quien se sienta frente a mí.
—¿Le dijiste a Cole? —pregunta Nathaniel en dirección a Masen mientras deja una servilleta de tela sobre su regazo.
—Está en su habitación y no creo que baje.
Nathaniel chasquea su lengua con cierta desaprobación pero no parece enfadado o sorprendido.
—Tu padre te habrá dicho que seríamos cuatro contigo —dijo él.
—Supuse que me faltaba uno.
—Disculpa a mi otro hijo por no presentarse, Cole no es muy sociable —explica.
—Entiendo, no se preocupe —le resto importancia, aunque me hubiera gustado conocerlo.
En ese momento una mujer del servicio entra a la sala y la mesa se llena de platillos que se ven refinados y deliciosos. Cenamos en un cómodo silencio hasta que Nathaniel pasa la servilleta por sus labios antes de hablar.
—El sábado tendremos una gala, se realiza antes del comienzo del año académico —anuncia—. Principalmente se realiza para que familias y estudiantes nuevos puedan conocerse e integrarse. Vendrás con nosotros si eso quieres.
—Sí, me gustaría —La idea me emociona, soy una persona coqueta y amante de la moda, las galas son de mis eventos sociales favoritos.
—Muy bien entonces, tienes al chofer a tu disposición en caso de querer ir al pueblo a comprar un vestido o lo que necesites —agrega y afirmo con la cabeza, dándole las gracias.
El resto de la cena la conversación fluye en dirección al año académico, la carrera, algunos profesores, Nathaniel poniendo la biblioteca a mi disposición en caso de necesitar algún libro para mis estudios, y otros temas que surgen hasta que terminamos de cenar y luego de despedirnos cada uno se dirige a sus respectivas habitaciones.