!PLOF¡ El suelo cementa mis costillas, el sudor baña mi rostro, las botas apresan mis pies, la mochila que uso de cabecera huele a esa tierra roja, roja, roja, que he pisado durante tantos días. Tan intensa era que dolían los ojos, allí, en medio de esa selva hilvanada de baobabs y palmeras erguidas en busca del cielo abrasador. Era un paisaje herido por la guerra. Carreteras sedientas de asfalto; cunetas pobladas de cuerpos que andan y andan y andan sin descanso camino de un hospital, de una escuela, del mercado… En busca de algo que creen está más allá, en el futuro… Una tierra regada de muertos y tullidos y odio y pobreza. El polvo y ellos, siempre en movimiento. El polvo de África que ciega. Todo eso ha terminado. Pienso. Ahora, solo oscuridad y luces de estrellas en la puerta del aer

