MEDIA MELENA El día en que murió Vidal Sassoon nos quemaron la peluquería. Ni la policía ni mi jefa saben que yo soy la culpable. Ni lo sabrán. Como había llegado el buen tiempo, aquel día fui al trabajo en bicicleta. Agarré con fuerza el manillar. Me concentré en el sonido de los pedales. Mientras cruzaba el parque, me fijé en las flores azules y amarillas que brotaban en los parterres. La brisa de mayo, acentuada por la velocidad, lo hacía todo especialmente bonito. Cuando desde lejos vi la peluquería di un grito que se me ahogó en el pecho. «Madre mía», pensé. Ya no salía humo de dentro del local, que había quedado hecho una pena, los sillones y los productos quemados y convertidos en tétricos grumos de plástico y polipiel. Mi jefa contemplaba la escena junto al cordón policial. Me

