EL ATROPELLO —No puede ser —masculla. Acaba de atropellar a un ciclista. Qué desgracia, qué mala suerte. Iba a torcer hacia la izquierda y el idiota del ciclista ha querido adelantarle. Un segundo antes de la tragedia había mirado por el retrovisor y no vio a nadie: la calle estaba oscura y vacía, sí, vacía, podría jurarlo. Piensa en la huida, pero decide hacer lo correcto, como si su madre lo estuviera observando por un agujerito. Sale del coche y se topa con el muerto, debajo de las ruedas de un 4 por 4, destripado y golpeado por la lluvia. El c*****r lleva un extraño traje azul y plateado, como si el ciclista viniera de una fiesta de disfraces futurista. La calle permanece vacía. Nuestro hombre mira hacia las ventanas de las casas —edificios de ladrillo visto de no más de cuatro piso

