Francisco intentaba concentrarse en la pantalla de su computadora, pero las cifras y los informes se mezclaban en su mente con imágenes que no deberían estar allí. La suavidad de la piel de Jessica bajo sus dedos, el sonido de sus gemidos ahogados mientras bailaba para él, la forma en que su cuerpo se arqueaba involuntariamente cuando su mano rozó su nalga... cada recuerdo lo quemaba por dentro. "Esto está mal, soy su padre", se repetía una y otra vez, pero su cuerpo no escuchaba a su moral. Cada vez que cerraba los ojos, volvía a verla: sus labios entreabiertos, sus pupilas dilatadas de placer, la manera en que su ropa interior negra contrastaba con su piel morena clara. Se ajustó el pantalón incómodamente, sintiendo cómo la excitación lo traicionaba. "Dios mío, ¿en qué nos hemos conver

