Saqué la pija de su boca, me dio un preservativo que tenía en la cartera. Me lo puse. Él se levantó, se apoyó contra la furgoneta, el culo hacia mí. —Hazlo —dijo. Entré despacio, el preservativo lubricado deslizándose fácil. Él gemió, "sí, así". Empecé a moverme, embestidas profundas. Cambiamos posiciones: primero contra la furgoneta, él de espaldas, yo agarrándole las caderas. Luego lo puse de rodillas en el suelo polvoriento, follando desde arriba, mi pija entrando vertical. Él gemía, "más fuerte", pero sin erección, solo el cuerpo temblando. Lo giré, lo tumbé en el suelo, le levanté las piernas y seguí follando, profundo. Él se masturbaba su pija flácida, pero se corrió de todos modos, semen líquido saliendo sin fuerza, gemidos roncos. Yo aceleré, el placer subiendo, y me corrí dentr

