Dante, padre de Matteo, se encontraba especialmente agotado aquella noche, aunque no necesariamente molesto, a diferencia de lo que usualmente pasaba en aquellos eventos de beneficencia. —Lo que resta lo resolvemos mañana en la oficina, Carlos. —Murmuró en su tono de voz enronquecido. Era casi el único que quedaba en el enorme salón de eventos, él junto con los empleados que comenzaban a limpiar y recogerlo todo. –¿Estamos? —Sí señor, estoy orgulloso de decir que la velada fue un éxito, aunque no es ninguna sorpresa si usted ha estado a cargo. —Dante sonrió y abrazó por el hombro a su empleado. —El de diciembre ni siquiera termino de imaginármelo si será el doble de masivo que este. —Gracias, Carlos, pero ya ve a descansar, fue un día largo. —Después de darle un par de palmadas lo libe

