CAPÍTULO TREINTA: REGRESANDO A LA NORMALIDAD ¡Malditas náuseas matutinas! Ya me estoy hartando de ellas. He intentado de todo para hacerlas desaparecer. Mis amplias búsquedas en internet sobre cada remedio han sido en vano. Se suponía que debían marcharse a las doce semanas. Tengo catorce y siguen aquí. Si a los malestares le sumo la falta de cafeína, ya soy un desastre total. La felicidad y el buen humor que me ha dejado Daniel esta mañana han desaparecido. Al salir de casa, me encuentro con una enorme camioneta impidiéndome el paso. — Señorita Roldan —saluda un hombre vestido de traje. Aunque tiene un gesto serio y es de complexión fuerte, debe rondar los treinta solamente. > Incluso le encuentro cierto parecido físico. >> Soy Christopher Clarke y esta es Miller —señala a

