CAPÍTULO VEINTINUEVE: NUESTRO HIJO — ¿Daniel? —me quedo de piedra al verle. «¿Qué hace aquí?» Me dispongo a preguntarle, pero él apenas me da tiempo de abrir la boca. — Por supuesto que te creería —declara de buenas a primeras—. Como debí creerte en un principio. — Qu… — Te amo —vuelve a cortarme mientras yo continúo clavada en mi sitio—. Lamento haber tardado tanto en deshacerme de mi terquedad. Lamento haber dudado de ti, de nosotros. Si darme cuenta las lágrimas comienzan a brotar de mis ojos, acompañadas por una pequeña oleada de ira, desespero, frustración... Todo se me mezcla y me hago un lío — Eres un idiota —sollozo al mismo tiempo que lo golpeo—¡Idiota! ¡Patán arrogante! — Tu patán arrogante. — Mío —proclamo y esa simple palabra hace desparecer todo el enojo. — Tuyo —re

