CAPÍTULO VEINTIOCHO: SE ACABÓ PARA SIEMPRE Despierto en una habitación que reconozco perfectamente. El olor a hospital invade mis fosas nasales. — ¿Qué pretendías montando semejante escena? —escucho una discusión entre los hermanos Gold. — ¡No lo sé! No medí las consecuencias. — Es evidente. ¡Escúchame bien...! — Cállense, por favor —interrumpo la amena plática. — ¿Amy? —Eloy es el primero en reaccionar—. ¿Estás bien? ¿Cómo te sientes? Con cuidado —añade al verme incorporarme y me ayuda. — Un poco mareada —respondo—, pero estoy bien. — He avisado a Becca —informa—. Viene en camino. — No debiste —le reprocho—. Estoy bien. — No lo estás —objeta—. Es la segunda vez que algo como esto sucede, Amy. >, agrega mi subconsciente; pero no le saco de su equivocación. — ¿La segunda? —ex

