Las manos de Gianna temblaban de impotencia y temor, mientras que Artemis, aunque estuviese posiblemente decepcionado de ella, lograba mantenerse frio, sin expresiones y completamente aterrador. Gianna lo miró fijamente, comprendió finalmente que todo se había salido de control. Tenía una última oportunidad de arreglarlo, pidiendo la ayuda que tanto necesitaba, esperando que el corazón de Artemis aún pudiese sentir así fuese un mínimo latido por ella. Vistió su cuerpo sin mirarle a la cara, sintiendo vergüenza de haber estado expuesta ante dos hombres que no la conocían siquiera un poco, y otro que por desgracia, no sé encontraba en la posición que hubiese querido. Ella tomó asiento, su mirada baja, casi hundida en el suelo, respiración lenta y latidos rápidos. —Necesito hablar con

