Gianna tragó en seco, observándolo en silencio mientras sus manos sudaban y sus pensamientos la atormentaban. Sentía admiración y respeto por Artemis, había oído sus historias durante toda su vida, y el poco tiempo en el que le había conocido, sabía que era un hombre duro, fuerte, valiente y aún más, muy inteligente. Así que, las palabras de advertencias eran más que ciertas, ella jugaba con fuego, su padre al final del día sería su padre siempre, no le haría daño, no en grandes magnitudes, pero Artemis, Artemis no tendría piedad. —¿Qué quieres que haga? —preguntó Gianna intentando armarse de valor. Había pasado por cosas peores, Franchesco la haría infeliz el resto de su vida, hoy apostaba a ella, apostaba su libertad. —Un micrófono. Quiero oír a tu padre hablar. —avisó sirviendo otro

