Capítulo 7

1061 Palabras
Cuando las horas pasaron, Gianna se encontraba sobre la cama, su cuerpo temblando, una pequeña lágrima de tristeza cayendo por su mejilla y su diminuto cuerpo envuelto entre sábanas. A su lado, Franchesco, quien era su prometido, dormía plácidamente, mientras ella solo ahogaba sus penas en silencio, recordando el hecho de tener que compartir cama con un hombre que jamás había amado. Se sentía tonta de ser lo suficientemente fuerte como par a adentrarse en el mundo de Artemis De Luca, haciéndose pasar por alguien más mientras jugaba al agente, pero no era lo suficientemente valiente como para decirle a su padre que no se casaría con un hombre al cual realmente no amaba. El mundo del cual Gianna Uliviese era un mundo controlado por hombres a su antojo e imágen. Había tenido un padre de carácter fuerte e imponente toda su vida, creciendo mientras observaba a su madre obedecer y bajar la cara, una cosa que de algún modo, ella misma adoptaría. Y ahora, en aquel intento de obtener los ojos de orgullo con los cuales había esperado ser vista toda su vida por parte de su padre, Gianna habría aceptado la propuesta de infiltrarse en la organización de Artemis De Luca, ésto haciéndolo desde su talón más débil; las mujeres. Durante mucho tiempo Gianna había permanecido oculta, su padre la prohibía salir, tener amistad o siquiera algún novio, excusándose bajo el riesgo que podía llegar a correr ante los existentes enemigos en potencia que llegaba a tener. Por lo cual era evidente que Artemis, ni nadie en aquel sitio pudiese siquiera reconocerla. Para ella Artemis era completamente diferente a lo que había oído hablar muchas veces, podía ser frío y un tanto explosivo, pero no era irrespetuoso cómo su padre, ni un cretino cómo su prometido. Por lo cual, aunque fuese una misión, Gianna ya disfrutaba aquel momento fuera de casa, incluso tratándose de una mentira en potencia. Por su parte, mientras Gianna no hacía más que pensar en todo lo que había hecho y dejaba de hacer, Artemis volvía a casa, quitando su corbata y su traje, sirviendo otro vaso de whisky que bebería con desespero mientras recordaba aquellas miradas que Gianna recibía. Quería entender, pero no lo hacía, ¿cómo era posible que una desconocida se metiese así en su cabeza? Maldijo a lo bajo, pasando sus manos por su rostro y cabeza con frustración mientras caminaba hasta su oficina, lugar donde al encender las luces, encontraría a Franco, su hermanito menor, durmiendo sobre el escritorio. No pudo evitar borrar su enojo, riendo a lo bajo mientras encendía las luces y lo observaba de brazos cruzados. Al carraspear Franco inmediatamente se despertaría un poco alarmado. —Soy yo, soy yo. No me hagas nada. —balbuceó mientras habría sus ojos y limpiaba su rostro. Artemis dejó escapar otra risa. —¿Qué haces aquí? ¿Por qué duermes en mi escritorio? Franco se puso de pie. —Sheysa me llamó, me avisó que saliste preocupado del bar, solo me preocupé. ¿Todo en orden? ¿Algo nuevo? Artemis no hizo más que caminar hacia él, dando unas pequeñas palmadas en su pecho mientras pasaba a su lado y ahora tomaba su puesto, sentándose ante el escritorio y dejando el vaso a un lado, abriendo el ordenador de su laptop e ignorando por completo las palabras de su hermano. —Te conozco. Ignoras las preguntas cuando tienes la respuesta pero no quieres darla. —avisó Franco al estrujar sus ojos y ahora caminar hacia él, observando en el ordenador lo que su hermano escribía. —¿Gianna? ¿En serio la investigarás? —Haré exactamente lo que hago con todas las chicas que llegan al bar. —respondió a medias. Franco dejó caer su mano con firmeza sobre el hombro de su hermano. —Sabes que esa chica no es otra del bar. Soy tu hermano, Artemis, no puedes mentirme. Es la primera vez que alguien logra ponerte así. Artemis lanzó aquella mirada desafiante y de desaprobación ante su hermano, respirando hondo mientras volvía a ignorar sus palabras y tecleaba su nombre. —Gianna Verratti. —leyó Franco en voz alta. Al buscar, no habrían más que fotografías de paisajes, comidas, un par de cachorros y flores. —Vaya que no hay mucho sobre esa chica. —pensó Franco. —Muy poco creíble. Algo no anda bien, no puede ser tan perfecta. —confesó Artemis al buscar con desespero. Franco al oírle, no pudo evitar reír, tomando el atrevimiento de cerrar la laptop y respirar hondo antes de enfrentar a su temible hermano. —¿Estás allí investigando por seguridad, o por qué tienes miedo de que esta chica sea tan perfecta como lo es? ¿Por qué el afán de buscarle algo negativo? Artemis suspiró, bebiendo lo último que quedaba de su trago y dejando caer su cuerpo completo ante el asiento. —Esa chica llegó y se volvió la sensación del lugar, todos quieren verla bailar, todos quieren dar mucho dinero por ella... —trató de explicar. —Nada es tan perfecto, Franco. Su hermano rió. —Artemis, ¿acaso eso no es lo que más te gustaría para el bar? Necesitamos dinero que entre de manera legal, esa chica es la clave. Atraerá clientes y mucho, mucho dinero. Artemis negó. —Todos quieren a Gianna como mujer, cómo esposa. —explicó. —Dos días y ya he tenido dos hombres ofreciendo una millonada por ella. —recordó. —¿Y sabes cuál es la peor parte? —¿Qué? —Yo también estaría dispuesto a dar el dinero que fuese por esa mujer. —confesó. Franco rió a carcajadas, despeinando el cabello de Artemis mientras buscaba servirle un poco más de whisky a su hermano. —¡Lo sabía! ¡Te conozco! Desde que esa chica apareció, no pudiste despegar los ojos de ella. Pero, ¿sabes algo? Ella tampoco los despegaba de ti. ¡Invitala a salir! Y deja de estar buscando tonterías en internet. La mujer perfecta sí existe, y quizás, aunque te niegues, sea ella. —Las cosas no funcionan así, Franco. Soy adulto, no estoy para bromas, ni para citas justo ahora. Tenemos a la DEA pisandome los talones, pagando dinero por aquí, lavando dinero por allá. Es demasiado. Franco apretó sus hombros. —Exactamente hermanito, necesitas una distracción. —avisó.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR