Sin más, Artemis salió del lugar, dejando a Gianna completamente sola en su habitación mientras vestía su cuerpo con aquella camiseta vieja que le pertenecía. Gianna no pudo evitar lanzar nuevamente su cuerpo sobre la cama, riendo mientras sentía aquella felicidad incontrolable que estaba desbordando a simple vista. No pudo evitar recordar todo lo que había sucedido, cada toque, cada arqueada, cada gemido, haciéndola simplemente volver a enloquecer, formando una sonrisa en su rostro y generando un brillo en sus ojos que nada en aquel instante lograría apagar. No pudo evitar ponerse de pie, ahora detallando cada rincón de aquel lugar. Se trataba de la habitación de Artemis de Luca, y aquel olor particular lo acompañaba. Artemis usaba perfumes que posiblemente costaban una fortuna, y s

