Nathan y Astrid estaban sentados en unas bancas en el jardín de la mansión hablando de algunas cosas, se sentía bien estar dónde debía estar desde hace tanto tiempo. El jardín era precioso lleno de flores de diferentes colores, formas y olores. Ahí se dio cuenta de que necesitaban más lugares así en su vida, alejados del internet y la ciudad. —Creo que estás muy contenta —dijo Nathan sonriendo. —Sí y mucho amor, siendo sincera nunca imaginé que estaría aquí —le responde con una voz de alegría. —Creo que ese que está por allá es tú padre, deberías ir a ver —señaló así tan de repente que no le dio tiempo de pensarlo bien. —¿Hiciste que lo llamaran? —vuelve la mirada a él sorprendida. —Tú solo ve y habla con él —insiste. Ella estaba muy nerviosa, sería la primera vez que vería a su

