Nunca había visto sus jóvenes ojos tan abiertos como cuando le quité la venda. La habitación oscura y húmeda, ahora pintada de n***o, estaba iluminada por varias bombillas apagadas que colgaban del techo con vigas de madera. El bajo intenso de la música constante del club se filtraba hasta el sótano, creando una banda sonora opresiva y reverberante en la habitación, una banda sonora oscura para lo que observaba a su alrededor. Tres dispositivos de diabólicas y macabras intenciones estaban al descubierto. La cruz de San Andrés, en la que se encontraba inmovilizada; una picota de metal n***o y un gran potro de tortura de madera, pesado y de aspecto medieval, completaban el cruel conjunto de dispositivos. Contra la pared del extremo izquierdo se encuentra un banco de trabajo lleno de cuerdas

