Es un completo idiota.

1644 Palabras
―Sofía, escúchame bien por favor, saldré esta noche con Paola, debes de quedarte aquí sola, ya sabes lo que pienso de las niñeras, te dejare la comida preparada y caliente para que comas, Ludy se quedara contigo, duérmete temprano y no quedes viendo la televisión toda la noche o no crecerás ―sonrió al decir lo último pues aquello era una mentira que Sofia había creído desde siempre. Paola se encontraba en su habitación, con las ventanas cerradas y las luces apagadas, todo el cuarto estaba completamente oscuro mientras estaba bajo las sabanas llorando, su mente estaba confusa, no sabía qué hacer, las pesadillas de su pasado habían regresado nuevamente, pues lo que había vivido de pequeña le afecto mucho a tal punto que tuvieron que mudarse de lugar. Caminó entre la oscuridad hacia la puerta del baño lleno la bañera y se introdujo en ella, quería olvidarse de todo lo que le había sucedido, pero a veces le era casi imposible. La hora de la cena había llegado, Vanessa se encontraba lista para que su mejor amiga la maquillara, pero su amiga aun no salía de su habitación, decidió entrar una vez que miró que tardaba demasiado en salir, al entrar se encontró con Paola hecha un mar de lágrimas, corrió hacia su amiga a abrazarla, Vanessa mejor que nadie sabía que significaba aquello para su amiga, buscó las píldoras tranquilizante y le dio una la que haría efecto cinco minutos más tarde. ―Paola, si no te sientes bien, no vayamos a esa cena, no creo que sea tan importante ―comentó Vanessa. ―Debemos de ir Paola, mi jefe me despedirá si no llego y lo dejo como un tonto, además debo de seguir mi vida a pesar de todo el pasado ―sonrió. ―Está bien, pero si te sientes mal nos regresamos en ese mismo momento y no aceptaré un no por respuesta ―habló Vanessa molesta. Mientras tanto Elías había llegado de casa de Tatiana, cansado, sin ánimos de salir, se sentía un poco mal por lo que le había sucedido a su sobrino con respecto al pronto divorcio que se vendría entre sus padres, el mejor que nadie había pasado por eso a la misma edad que su sobrino y no fue nada agradable. No odiaba a su madre, mucho menos a su padre, simplemente le daba igual la vida de aquellas dos personas que lo habían traído al mundo, después de todos en el corazón de Elías ellos estaban muerto y las personas que decían serlo eran unos completos desconocidos para él. Paola salió con Vanessa de casa dejando a Sofia sola en casa, aquella idea aun no le agradaba a Vanessa, pero lo hacía por complacer a su amiga y por distraerse un momento de todo, desconecto todos los electrodomésticos y dejo con llave la cocina para que Sofia no fuera a incendiar el lugar, la cena la dejo en el cuarto donde Sofia se encontraba mirando dibujos infantiles acompañada de Ludy quién estaba profundamente dormido. Vanessa estaba nerviosa al saber que cenaría con el jefe de Paola y un completo desconocido, después de todo el jefe de Paola y su invitado eran unos desconocidos para Vanessa quién jamás había salido a una cena con nadie. ―Según la dirección este es el sitio en donde será la cena, nuestros lugares están reservados a nombre de Elías Borní, mi jefe ―sonrió Paola. ―Tengo mucho nervio Paola, sabes que jamás he estado en una cena con alguien y menos en un lugar como este ―susurró al entrar al restaurante. ―No estarás con unos completos desconocidos Vanessa, estaré yo ahí, no debes de que preocuparme, solo sigue lo mismo que yo hago a la hora de comer ―sonrió tratando de controlar los nervios de su amiga. Habían llegado a la recepción, informó a nombre de quien estaban reservado los lugares y un mesero las llevo hasta el lugar, al llegar ahí Paola miro a su jefe quién estaba acompañado de Richard. Richard y Elías parecían pulga uno junto al otro a cualquier lugar que fueran. ―Muy buenas noches jefe ―habló Paola. ―Muy buenas noches Paola, por favor trátame esta noche de Elías, no estamos en el trabajo ―mencionó Elías. ―Lo siento, le presento a Vanessa Dorchi, es una vieja amiga mía ―comentó Paola. ―Mucho gusto Vanessa encantada de conocerla ―sonrió Elías. ―El gusto es mío Elías ―respondió ―Hola de nuevo ¿Richard? ―añadió Vanessa tratando de no ignorarlo. ―Hola Vanessa, es un gusto volver a verte ―respondió. ― ¿Ustedes ya se conocían? ―preguntó Elías confundido. ―Si, se conocieron hoy mientras andábamos de compra ―intervino Paola. ―Ordenen lo que deseen, va a mi cuenta ―habló Elías. Todos ordenaron diferentes platillos, pero totalmente deliciosos llenos de diferentes sabores y olores, mientras comían no hubo ruido alguno, pues Vanessa se sentía un poco extraña al no conocer del todo a Richard y Elías, fue hasta después que terminaron de comer que pidieron una botella de vino, empezaron a beber y la tensión de aquel lugar fue disminuyendo, Vanessa no era bueno bebiendo así que decidió tomar pequeños tragos de aquel vino, en cambió Paola ya iba por la cuarta copa de vino, Richard no se quedaba atrás y Elías estaba un poco mareado por las tres copas de vino que llevaba. ―Paola, te miras muy bella la noche de hoy ―habló Richard. Paola casi se ahoga con el poco de vino que tenía en la boca al escuchar lo que Richard había mencionado, las mejillas de Paola se estaban sonrojando, pues no esperaba un cumplido de Richard. En cambio Elías no apartaba la mirada de Vanessa, aquello hacía sentirla un poco nerviosa, no sabía que hacer o que decir para no sonar grosera ante el jefe de Paola, así que se levantó de su silla y camino hasta los baños a echarse un poco de agua en la cara, pues se sentía incomoda en aquel sitió y no dejaba de pensar en su hermana, quería que aquella cena terminara de manera rápida, regresó a la mesa donde se encontraba Paola con un Richard y Elías más ebrio, Paola en cambio no estaba del todo ebria quién miro extrañada a Vanessa al llegar a la mesa con la cara un poco humedecida. ― ¿Te encuentras bien Vanessa? ―preguntó Paola un poco preocupada. ―Si, solamente estoy preocupada por Sofia, no sé si este bien ―respondió. ―Sofia estará bien, no debes de preocuparte por ella, es inteligente al igual que tu ―sonrió tomando un sorbo de vino. Vanessa se sentía un poco más cómoda después de escuchar las palabras de su amiga, terminando de esa manera su segunda copa de vino, relleno la copa de vino tomando un sorbo empezando a estar mareada, Elías por su parte estaba hablando de más, pues hablaba de las mujeres con las que había estado como si aquello se tratase de un trofeo; lo que molesto a Vanessa que le susurro a su amiga si se marchaban de ahí, pero no podían irse pues Paola estaba un poco pasada de copas, Richard aunque estaba ebrio sacaba su lado caballeroso hacia Paola, pues se notaba que sentía atracción hacia aquella bella joven, en cambio Elías al ver lo que estaba pasando entre Paola y Richard decidió dejar su pena y ebriedad a un lado y hablar con aquella joven que lo había atrapado con su tierna mirada. ―Dime ¿estás trabajando? ―fue lo primero que se le ocurrió a Elías. ―No, aún estoy adaptándome a vivir aquí, recién me mude ―respondió Vanessa ―Oh, así que eres nueva aquí, ¡Bienvenida! ―sonrió ―Si quieres puedo darte una mejor bienvenida con la que te quedaras deseando jamás irte de aquí ―se inclinó hacia Vanessa susurrándole aquello ultimo al oído. Las palabras de Elías fueron la gota que derramo el vaso, Vanessa estaba cansada de escuchar todas las estupideces que Elías había dicho de todas aquellas mujeres con la que había estado y lo que molestaba cada vez más a Vanessa fue la manera en que la miraba, esa mirada perversa de deseo estuvo toda la noche en el rostro de Elías para Vanessa, se levantó de su asiento y le propinó una fuerte cachetada a Elías. Paola, Richard y la gente que estaban en aquel restaurante fijaron su mirada para Vanessa pues todos estaban sorprendidos al ver la actitud de aquella mujer, en cambio Elías no entendía porque Vanessa había actuado así, si todas las mujeres con las que había él estado le decía esas palabras y no podían resistirse. Vanessa tomo su cartera de mano y salió de ahí, Paola venía detrás de ella, pero Vanessa no pensaba detenerse ni siquiera por su amiga. ― ¡Vanessa Rachel Dorchi, detente! ―gritó Paola molesta ― ¿Qué mierda te ocurrió allá adentro? ¿Por qué abofeteaste a mi jefe? ―preguntó ―Lo hice porque es un imbécil y es lo que los hombres como él se merecen, al parecer jamás había encontrado una mujer que lo pusiera en su lugar, pero conmigo se equivocó, no soy una de esas mujeres fáciles que solamente le endulza el oído y caen rendidas a sus pies ―respondió ―Y si puedes hacerle saber eso, sería perfecto para mí porque no pienso disculparme por lo que hice ―añadió volteando la mirada hacia la entrada del restaurante donde Richard estaba escuchando todo. ―Se lo hare saber, y si mi amigo es un completo idiota, me disculpo de su parte por lo incomoda que te hizo sentir el día de hoy ―respondió Richard con una sonrisa entrando nuevamente.
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