Iré contigo

1675 Palabras
El rostro de Teresa palideció al escuchar lo que Vanessa le había susurrado al oído, lo que trato de ocultar por tanto tiempo ella lo había descubierto, Teresa no entendía como aquella mujer había descubierto su secreto, pero lo que si sabía es que estaba en serios problemas si Vanessa abría la boca. Teresa sabía que debía de hacer algo sobre aquello, pero no sabía con exactitud qué. Vanessa salió de ahí a casa de Paola, mientras tanto Paola estaba despertando sin entender como había llegado a casa. ―Richard ¿Qué demonios haces aquí? ―preguntó. ―Vine a dejarte, por cierto, que bella es tu casa ―sonrió. ― ¿Dónde está Vanessa? ―preguntó al no verla por ningún sitio. ―Ha salido, no dijo hacia donde solo tomo tu carro y se fue en el ―respondió. ―No puedo creer que la hayas dejado irse, maldita sea, no conoces a Vanessa, no debiste decirle nada de lo sucedido en la empresa ―habló Paola como si leyera los pensamientos de Richard. ―Lo siento, creí que no era tan grave ―se encogió de hombros. ―Es más grave de lo que piensas solo espero que no la haya molido a golpes ―soltó levantándose del sofá. ―No te preocupes, estuve apuntó de golpearla, pero recordé algo y ahora, aunque no lo creas tengo a Teresa en mis manos ―sonrió cerrando la puerta. Unos pasos se escucharon en el segundo piso de la casa, era Sofia que venía saliendo de la habitación. ―Paola que bueno que llegas temprano, así podrás jugar conmigo y con Ludy ―sonrió alegre. ― ¡Hola Sofí! ―habló Richard con una sonrisa. ―Hola ¿Tú eres el de la tienda? ―preguntó. ―Si, ese mismo ―sonrió. ― ¿Te quedarás a jugar con nosotras? ―preguntó contenta. ―Todo dependerá de Paola y Vanessa ―habló mirándolas ―Está bien, quédate a cenar por haberme traído a casa ―respondió Paola de mala gana. Vanessa sabía que Paola sentía algo por Richard desde la vez de la cena, sabía por la manera en que a su amiga le brillaban los ojos y sin querer sus mejillas se sonrojaban, provocando una pequeña curva en sus labios. ―Paola, iré con Sofía a comprar algo para la cena ―habló Vanessa. ―Iré con ustedes ―respondió rápidamente. ―No, quédate, no nos dilataremos mucho ―sonrió. Paola sabía lo que Vanessa traía entre manos, pero no quería ilusionarse con Richard, no ahora que tenía que marcharse. Al estar solo los dos en aquella casa Richard tomo la mano de ella con delicadeza. ― ¿Debes marcharte? ―preguntó. ―Si, aunque no quiera debo de hacerlo, Kenny y Lucy me necesitan ―respondió con sus ojos tristes. ― ¿Por qué ahora? ¿Por qué debes de irte tan de repente? ¿Por qué te marchas ahora dejando todo dentro de mi echo un caos? ―preguntó mientras sus mejillas se volvían rojas. ―Debo de hacerlo Richard, debo de irme de antes de que este sentimiento crezca más ―soltó sin pensar en lo que decía. Richard la guiñó del brazo acercándola hacia él. ―Quédate ―susurró al oído. El corazón de Paola latía rápidamente sin entender porque, quería besar aquellos labios que había deseado tenerlo así de cerca desde el día en que lo miró por primera vez en la cafetería; Richard sin pensarlo dos veces beso aquellos labios que había deseado tanto, fue como viajar a las mismas estrellas, como una bella canción, como un estallido de alegría, como una cálida brisa, como si algo en el interior ardiera de la mejor manera. ―Quiero quedarme, quiero quedarme aquí junto a ti, pero no puedo ―pronunció en un hilo de voz. ―Iré contigo ―sonrió. Negó con la cabeza, tratando de no derramar ni una lagrima. ―Debo de hacer esto yo sola ―sonrió besando su mejilla ―No me olvidaré de ti, Richard ―susurró al oído. Richard con un beso la había hecho sentir lo que en años no había sentido con nadie, había hecho que su corazón ardiera de una manera inexplicable y que su cabeza se volviera un completo caos, no quería marcharse, mucho menos que aquel momento acabara quería que él la tuviera así entre sus manos sintiendo su calor, el olor de su piel, escuchando su corazón latir, mirar sus ojos brillar, mirar aquella bella sonrisa que le descontrolaba hasta el alma, él beso su frente de la manera más tierna posible haciendo que un cosquilleo se hiciera presente en su estómago, agradeció aquel momento con una bella sonrisa para él, la había hecho la mujer más feliz y eso nadie lo cambiaria; agradecía que Vanessa hubiese salido con Sofía. Mientras tanto Elías no dejaba de pensar en Vanessa, haberla visto tan molesta lo sorprendió y lo hizo que se enamorara más de ella, no sabía porque aquella mujer lo descontrolaba de una manera inexplicable, quizás era… porque le gustaban las mujeres de carácter fuerte que decidieran por si misma… o porque era un masoquista, mientras Teresa estaba en su casa tomando una ducha larga decidió salir a despejar su mente un rato, caminar sin rumbo alguno a como lo hacía de costumbre cuando no entendía nada de lo que pasaba por su mente, camino por media hora sin notarlo había llegado a un parque donde una mujer estaba con una niña columpiándose a pesar de que aquellos columpios fueran solo para niños, caminó hasta el parque, ambas estaban viendo las estrellas mientras reían de felicidad. ― ¿Vanessa? Eres tú ―habló Elías interrumpiendo la alegría de las dos mujeres. ―Ah, a ti es la a la última persona que quería ver después de lo que sucedió con Paola ―respondió ―Sofia vámonos de aquí ―habló. ―No me quiero ir aun Vanessa, dile a ese señor que se marche ―habló Sofia haciendo un berrinche con sus pies. ― ¿Qué haces aquí? ―preguntó. ―Por aquí vivimos ¿algún problema con eso? ―pronuncio. ―No, sabes donde vive Paola, me quiero disculpar con ella por la actitud de Teresa ―habló Elías. ―Ella vive con nosotras ―intervino Sofia. ― ¿Así que vive con ustedes? ―sonrió. ―Si y ya no deberías decir nada más Sofia ―habló Vanessa. ― ¿Puedo ir con ustedes? ―preguntó. ―No, no creo que ella quiera verte después de lo sucedido, sabes no pensé que te fueras a casar con Teresa ―expreso un poco celosa. ―Ni yo, todo esto es culpa de mi padre ―soltó ― ¿Tu padre? ―cuestionó un poco curiosa. ―Si, Bernard Borní es mi padre ―resopló. ―Vaya que pequeño es el mundo ―susurró Vanessa. ― ¿A qué te refieres? ―preguntó. ―A nada yo me entiendo, vamos te llevaré a casa, pero eso sí, desde ya te digo Richard también está en casa ―sonrió Vanessa. Caminaron juntos a casa, aquel momento era un poco incómodo para ambos, pero fue gracias a Sofia que dejaba de ser del todo incómodo, ya que tomo la mano de Elías. ―Tomo tu mano ya que pareces un poco torpe, no vaya a ser y te pierdas ―sonrió. ―Sofía ¿Qué te he dicho que debes de no faltarle el respeto a los mayores? ―habló molesta. ―Lo siento ―se disculpó. ―Está bien pequeña, es que tu hermana me pone un poco torpe ―soltó. ―Deja de decir tonterías y camina ―resopló Vanessa. Eran las 9:00 pm llegaron a casa, Sofia y Vanessa fueron las primeras en entrar, Elías venía detrás de ellas dos, una sonrisa había en el rostro de Paola y Richard aquella casa olía a comida caliente. Vanessa y Sofía tomaron lugar en la mesa, mientras tanto Elías tenía un poco de pena por lo sucedido. ―Pasa, si Paola no te mató en la empresa no te matará aquí ―gritó Vanessa. ― ¿A quién le hablas? ―cuestionó Paola. ―Ha Elías ―sonrió. ― ¿Elías? ―se preguntaron. ―Si, a mí ¡Buenas noches! ―dijo con una pequeña sonrisa y su rostro apenado. ―Pasa, tienes mucho que explicarnos a Paola y a mí ―soltó Richard fulminándolo con la mirada. ―Lo siento ―soltó con su mirada triste. ―Las disculpas nos la das después ahora disfruta de la comida ―habló Paola. Cenaron, rieron y contaron historias de la infancia, Elías se veía feliz estando entre aquellas personas y es que lo era. ―Sofía ve a dormir, llegaré dentro de un rato, te quiero ―abrazó a su hermana dándole un beso en la frente. ―Está bien, ah, señor Elías, me gusta verlo feliz y no con esa cara larga ―habló Sofía abrazándolo ―Espero ver a Matthias pronto ―dijo con una gran sonrisa. Elías sintió un calor en su pecho, pues no recordaba cuando fue la última vez que alguien le demostró afecto y menos uno sincero como el de Sofia. ―Ahora que Sofia se ha ido a dormir, habla ¿desde cuándo estas saliendo con Teresa? ―preguntó Richard molestó. ―Yo no estoy saliendo con ella, todo es obra de Bernard, cuando fui a Éire, era para eso, me negué rotundamente, pero me amenazó con quitarme la empresa que está aquí y llevarme con él hasta allá y es lo que menos quiero, no quiero volver a ese maldito infierno, mucho menos si él aun esta con vida ―apretó los puños y una mirada de enojo se reflejó en Elías. ― ¿La amas? ―preguntó Paola. ―No, salimos en la universidad, pero ella me dejo por alguien con más dinero, además… a mí me gusta otra persona ―sonrió y sus ojos brillaron como nunca.
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