Salgo de la ducha mucho más relajada, quizás duré unos quince minutos dentro, los cuales disfruté segundo a segundo. En verdad creo que fue un milagro que no me haya quedado dormida dentro.
El agua caliente hace magia...
Me apuro un poco en alistarme ya que James había dicho que la cena estaría lista en poco tiempo, y aunque me de algo de pereza, no quiero hacerlo esperar.
Ya lista bajé a cenar con mi cabello lacio mojado, mis pantuflas de conejo color rosa, un pantalón pijama rosa a cuadros grises y una manga larga con cuello de barco que deja ver mi ombligo color gris.
Así es, el rosa y el gris son mis colores favoritos.
Al llegar a la cocina un delicioso aroma inunda mis fosas nasales, deleitando mis sentidos. Hasta siento mi estómago rugir por tal sentido.
—Huele delicioso— le digo a mi tío.
—Oh gracias querida— él se da la vuelta y lo observo, se encuentra con un pantalón n***o a cuadros rojos, una remera roja y sus pantuflas negras.
Al parecer tenemos más en común de lo que parece.
O bueno, físicamente hablando.
—Vaya...te pareces a papá con tu forma de vestir—
Me mira con las cejas levantadas. Quizás fue algo tonto mi comentario debido a que...
—Si, creo que se nota que somos hermanos— contesta dando respuesta a mis pensamientos.
—Así es— lo miro— quizá no sea tan malo,podría adaptarme a vivir un tiempo contigo—
—Oh pero claro pequeña— me ve a los ojos— incluso si quieres puedes llamarme papi— lo miro sorprendida y el larga carcajadas— es una broma linda...a menos que lo quieras—
—Mmm estoy bien, prefiero llamarte tío—
El vuelve a reír. Su risa me resulta muy familiar, es un poco suave y ronca a la vez.
—Ya va a estar la cena ¿puedes poner los platos?—
—Claro— comienzo con mi labor, colocando dos lugares en la mesa, cubiertos, vasos y platos. En menos de un segundo ya estamos cenando.
—Y dime Ada, porque puedo llamarte así verdad?— solo asiento— ¿alguna vez has besado a alguien?— siento mis mejillas calentarse.
Creo que es una pregunta algo...extraña y más viniendo de un ¿Adulto? ¿Extraño?
—P-pero claro que no, todavía no he conocido a alguien que me dé la suficiente confianza como para darle algo tan preciado— él me mira con ternura— papá siempre me ha enseñado que tengo que darme a respetar y puede que solo sea un beso, pero para mí es más que eso—
Suelta un suspiro.
Si, quizás lo que acabé de decir suena algo ñoño, pero son los valores con los cuales he crecido y a los cuales les soy leal.
—¿Sabes? Le haces honor a tu nombre: Adara, tan tierna, dulce, bella y virginal— lo observo sorprendida.
—¿Cómo sabes el significado de mi nombre?—
—Tu madre me lo dijo una vez— asiento con la cabeza, no tan convencida.
—¿La conociste?—
—Oh vaya que la conocí— sus palabras suenan en doble sentido— digo obviamente era mi cuñada y le tenía mucho aprecio, además tu eres idéntica a ella—
Suelto una risa— si, papá siempre me dice lo mismo—
Continuamos la cena en silencio, los sonidos de los cubiertos resuenan por todo el ambiente logrando que todo se vuelva un tanto incómodo.
Hasta siento que quiero reír, si, no puedo con los momentos tensos.
Y entonces, justo cuando doy mi último bocado, James pregunta:
—¿No quieres más?— me limito a negar— ¿segura? Es que estás muy delgada—
Río nerviosa—no es porque no coma, simplemente saqué la contextura de mamá, además no soy taan delgada, estoy normal... Creo— me defiendo un tanto insegura.
No contesta nada y yo me limito a recoger mi plato.
—Dejalo linda, yo lo lavo ahora— me ofrece.
—Oh no, no es nada dejalo lo hago yo— sonríe y yo comienzo a lavar mi plato.
Concentrada y envuelta en mi mundo, me desconecto al escuchar como arrastra la silla y se dirige a mi.
Siento su respiración en mi oído y me falta el aire, este hombre si que me pone los pelos de punta.
Y no en el buen sentido.
Esperen ¿Habrá buen sentido para eso?
—¿Te molestaría lavar el mío?— susurra con sus labios pegados a mi oído y su mano en mi cintura.
Que miedo….
—N-no hay pro-problema— respondo nerviosa.
Quítate.
Quítate.
Quítate.
—Gracias amor— me responde dejando un beso en mi mejilla, para luego girar e irse.
Confundida y roja como un tomate continúo lavando.
Admito que no me gustó para nada la manera en que me llamó, papá es el único que puede llamarme así o bueno...el único hombre que lo había hecho hasta ahora.