Luego de unas horas movidas Julianne se había dormido plácidamente, por primera vez luego de mucho tiempo me sentía tranquila, me sentía querida y nada mas importaba, tenía a la mujer que amaba junto a mi y eso lo era todo. Me levanté en silencio y me vestí, salí de la habitación de mi profesora en la oscuridad pronta al amanecer. Corrí hasta la habitación de Albert, él se hallaba dormido en medio de la cama y me acosté junto a él cubriéndome hasta la cabeza y seguí durmiendo. Por la mañana un olor a huevos con tocino hizo rugir mi estómago, miré y Albert continuaba durmiendo así que me levanté y seguí el olor. Julianne estaba cocinando de espaldas a mi y cuando pensé en sorprenderla su esposo la había dado vuelta y depositó un beso en sus labios. -Hola amor-habló Julianne y algo en mi

