3. Capítulo

1819 Palabras
—Supongo que no tengo opción y debo hacer eso. Chasqueó la lengua. —No, al final tú solita te has metido en todo este paquete, pero pensándolo bien ha sido una decisión inteligente de tu parte, puede que no lo mires de esa forma ahora, pero mientras estés más cerca de Alexander, sabrás de lo que estoy hablando. —¿Crees que es una película o un drama mi vida? No es como si Alexander se va a terminar enamorando de mí, eso no pasará nunca. —otra vez solita lo has mencionado me ha dicho ni una sola palabra ahora que lo pienso todo es posible no dejes de pensar en eso ya vas a ver que Alexander te puede mirar de otra manera entonces te acordarás de mí aprovecha que vas a estar cerca soy yo pasar un poco más de tiempo con él para conocerlo y ver si termina siendo válido un matrimonio que comenzó siendo una falsedad. —Definitivamente mi compañera está viendo demasiadas películas, confundiendo la realidad, claramente separo siempre la ficción de la vida real, deberías hacer lo mismo. —¡Eres muy pesimista! Casi confiesas que te gusta Alexander, espera...¡Lo has hecho! —No es cierto, solo te dije que me parece apuesto, no he dicho más. —Me quieres confundir de nuevo, si no fuera porque tengo la cabeza llena de todo, seguiría rechazando lo que dices. En fin, me iré a mi habitación. Piensa en mí si se te ocurre pedir comida. —¿Debería? —dijo en modo de juego, y ella la miró con malos ojos —. Bien, lo haré. ¿Y si ordeno comida china? —¡Genial! ... Viernes llega con prontitud y también pintado de carmesí, cuándo se da cuenta de que sus sábanas blancas están manchadas, se molestó mucho y gritó fuertemente por no ser precavida, ahora accidentalmente su cama estaba llena de sangre y como no era suficiente con eso, los cólicos menstruales comenzaban a adueñarse de ella, haciendo de su mañana un infierno, así no podría ir a la universidad. Pero qué alivio sintió cuando se dio cuenta de que justamente ese viernes lo tenía libre, no tendría que ir a ninguna clase. Qué tranquilidad tan fantástica la invadió al saber eso. Era satisfactorio no tener que hacer nada. Se quedó en la cama sin siquiera mover un solo dedo, solo alcanzó el teléfono para marcarle a Mercedes, dándose cuenta de que ya casi eran las diez de la mañana, no había ninguna posibilidad de que esa compañera todavía estuviera en el apartamento. Es así como le escribiría para que le trajera algunos fármacos de regreso a casa, y que salía a las doce del mediodía, si no se equivocaba. El teléfono que había sonado, no fue el de Mercedes, sino rítmicamente el aparato de Alexander. Estaba en su piso, revisando algunos archivos enviados desde su compañía. De pronto recibía ese texto de parte de ella, y no se lo podía creer. «Buen día, por favor, de la farmacia traeme algún fármaco para el cólico menstrual, y si no es mucha molestia, toallas femeninas, se me han terminado :( Ah, no te olvides de mi chocolate favorito, me siento triste, te quiero :)» Parpadeó incrédulo repasando nuevamente cada una de esas líneas para comprobar si se lo estaba imaginando, o si realmente todo eso decía el mensaje, es que no daba crédito que de parte de Andrea había recibido un mensaje como ese. —¿Qué? —sonrió. Alonzo estaba cerca suyo, un amigo, y le dio mucha curiosidad que repentinamente su amigo deslizara una sonrisa, como si algo hubiera pasado. —Parece que ese mensaje de texto que has recibido, es muy interesante, ¿no es así? —Pues... Sí, y extraño. Bueno, olvídalo. ¿Me esperarías aquí? Voy a salir por una causa urgente, pero te prometo que regresaré lo antes posible. —Siempre que cumplas con tu palabra y no sea como la última vez que terminaste por desaparecer y no venir, adelante. —¡De acuerdo! Alexander salió de su piso y condujo hasta una farmacia. Nunca antes había tenido que comprar cosas femeninas y siendo su primera vez, estaba un poco perdido, más cuando se dio cuenta de que por el pasillo de las toallas había una variedad enorme, sin saber a dónde mirar o cuál elegir, todas le parecían iguales pero detalladamente no era lo mismo. ¿Es que era por tallas? —Joven... ¿necesita ayuda? —le preguntó una anciana, que tomaba un empaque y lo dejaba en su cesta. —Oh, lo siento. Estoy un poco perdido. Es decir... —No se preocupe, puedo ayudarlo. ¿Es para su novia? —Oh sí —emitió sin dudar, tan natural que él mismo se lo creyó —. Eso creo... —Vale, de seguro quiere estar cómoda en sus días, aconsejo que sea una de estas, y para la noche, esta, en caso de que sea mucho... Ya sabe —le expresó, y aunque era algo completamente normal, Alexander empezaba a sentirse un tanto incómodo. Pero agradecía la amabilidad con la que la persona mayor lo estaba tratando, era muy amable con él. —Ella... También me ha comentado que tiene cólicos menstruales, y no sé que podría ser bueno para que no sienta dolor. —Bien, están por el otro pasillo, el fármaco que necesita. Y llévale algunas frutas, consienta a su novia —le expresó y él asintió. Por supuesto que lo haría, si la anciana se había creído lo de su novia sin verla, sentía que con mucha más razón lo harían los demás cuando lo vieran con ella a su lado, tal como una pareja de verdad. Cuando estaba cancelando lo que compró, Alexander aprovechó de agregar una barra de chocolate pensando en la petición de la muchacha. Y solo cuando salía con las compras hacia el exterior pensó en la posibilidad de que ella se había equivocado y por eso le envió ese texto, pero aún de su parte no recibía alguna explicación, y por eso siguió adelante. De todas maneras ya había comprado todo, y tomó el consejo de la señora de la farmacia, y había caminando hasta el centro para buscar alguna fruta fresca y adquirió fresas en su mayoría, pensando que seguramente esta era una de su frutas favoritas, no conocía todavía a alguien que se resistiera a la fresa, estaba seguro de que ya no sería la excepción, es así como había regresado a su auto, abordando con rapidez y se dirigía a su edificio, en caso de que el hombre del pórtico abajo no lo dejaba entrar al edificio, no le quedaría de otra que avisarle a la misma Andrea sobre su llegada. ... Andrea se llevó a la mano a la boca y se cubrió sin poder creer que se había equivocado de remitente y ahora sumergida en un completo aprieto, no podía hacer nada, ya que él había leído su mensaje, pero no lo respondió. ¿Cómo se suponía que debía tomarse eso? incluso sus manos estaban temblando y no era ninguna exageración, no sabía cómo manejar la situación. Debió ser más cuidadosa antes de enviar ese mensaje, pero no lo hizo. —¡Dios! Debo de estar loca. Ahora Alex ha leído mi mensaje. ¡No puede ser! Se estaba muriendo de la vergüenza, obviamente no era algo de otro mundo estar en sus días, pero todo lo que decía el mensaje era demasiado, incluso se había atrevido a pedir chocolate, quería morirse, que se abriera un hoyo debajo de sus pies y se la comiera, tal vez debía de responderle ahora mismo. No podía dejar las cosas así. Le diría lo que fue, una equivocación, que no era un mensaje dirigido a su persona. Sino a Mercedes... —¡Qué tonta soy! Estaba llamando el teléfono suyo repetidas veces, pero no lograba comunicarse con él, al parecer Alexander estaba conversando con alguien por teléfono, con alguien más y por eso no había podido tener una conversación con él, es así como se sintió llena de frustración, pero no podía hacer nada. Ya solo el quedaba disculparse con él, sí, le pediría disculpas, por el error. Alexander todavía estaba en la conducción y había tenido que tomar la llamada de su amigo Alonzo que no era nada paciente y ya se estaba preguntando cuando le faltaba para regresar, se dio cuenta de que Andrea estaba intentando comunicarse con él, pero no le contestó, prefería llegar a su edificio y verle. Una vez allí, estacionó y le dijo al señor del pórtico que la señorita Andrea Boughen lo estaba esperando, si no era por el porte elegante y su poder de convencimiento, había logrado que el hombre lo miraba como un tipo que no tenía malas intenciones y lo dejó pasar. Su puerta, la número quince, no parecía estar en buenas condiciones. Le hacía falta una buena pintura, una de las pocas observaciones que había tenido el magnate, de solo mirar a su alrededor. Y ya estaba tocando sobre la puerta y en poco tiempo hizo acto de presencia Andrea, pero había abierto con lentitud, como si realmente no lo quería recibir y Alexander podía darse cuenta de sus mejillas pintadas de rojo, no había ninguna duda de que se sentía un poco tímida y avergonzada al mismo tiempo. —Alex, aquí estás... Que sorpresa mirarte por aquí, y más un día viernes. ¿Estás bien? —Tal vez yo soy quién debería de preguntar por eso, Andrea... te he traído lo que me pediste por ese mensaje de texto En ese momento fue cuando ella se puso más roja de lo que estaba, y acabó por abrir la puerta. —Que vergüenza... El mensaje se lo envié a mi amiga, o eso creía, pero me equivoqué de remitente, no fue sino hasta hace poco que me di cuenta de mi error y te estuve llamando para decirte, pero no tomaste ninguna de mis llamadas —Lo sé —le dijo cómo si nada. Y ella parpadeó con lentitud. —Eso supuse al rato, pero aquí está todo igual. Ten. —Alex no te imaginas lo apenada que me siento, en serio, lo siento mucho. Esto es vergonzoso... Incluso así, ya estaba tomando la bolsa que Alexander le estaba tendiendo y al revisarla se quedó boquiabierta porque le había traído exactamente todo lo que le pidió. —¿Esta todo bien? Incluso le pedí ayuda a una señora en la farmacia, ella me dijo que son cómodas. Parecía saber del tema. Andrea sonrió. Seguía apenada por eso. —Y estaba en todo lo correcto, aún así, que pena contigo, la verdad no pensé que me equivocaría de remitente. Ha sido un accidente y lo siento. —No te preocupes, eso suele pasar. —¿Quieres pasar? —Claro.
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