—¿Y bien? No me has dicho que tienes. ¿Solo estrés? —No, no es sólo eso. Pero no sé cómo decírtelo —se le escaparon las palabras. No tenía pensado decirle en ese momento pero sería trillado esperar más tiempo. —¿Dé qué se trata? —¿Podrías detener el auto? Estacionó a orillas, cumpliendo su petición un poco dudoso. No sabía que estaba pasando. Pero todo lo estaba poniendo nervioso. —A ver. ¿Qué sucede? —¿Me prometes que no te vas a molestar y te tomarás la noticia con calma? —Calma y enfado son sensaciones que voy a sentir si me dices algo que no esperaba, dependiendo de qué se trata. —Entonces no te puedo decir, no ahora... —añadió con la voz en un hilo, se había roto, y los sollozos le ganaron. Había estado conteniendose, y no pudo más. —¿Estás enferma? —No se trata de

