Narra Phoenix El ruido de las puertas abriéndose me despertó, por un momento me asusté al ver todo oscuro y estaba apunto de llamar a mis esposos pero entonces recordé lo que sucedió y la tristeza volvió a mi. Miré a mi lado y vi a la hada sentada con cara sería, ella parecía muy débil a decir verdad, tenía ojeras grandes y se veía muy cansada. Solo Dios sabrá cuanto tiempo estuvo aquí y eso me hizo sentirme más culpable. Al parecer yo era su única esperanza y debo decir que sus palabras me convencieron como para hacer esta locura. Deseo volver con ellos y estar entre sus brazos donde nadie me tocará ni un pelo. —¡Despierten señoritas!— Dijo un hombre que aún no podía ver pero escuchaba sus pesadas pisadas.— Lamentamos que no estén muy cómodas en esta jaula pero pronto el Rey las tran

