CAPÍTULO TREINTA Y SIETE Riley sintió una descarga de adrenalina mientras el hombre se acercó a ella. Sabía que era una reacción de lucha o huida. Sus instintos animales le estaban diciendo que estaba a punto de entrar en peligro y debía preparar su cuerpo para el combate. O huir. Estaba inmóvil, ni siquiera podía respirar. Shane Hatcher ya estaba muy cerca, totalmente visible en la niebla. Esta apenas era la segunda vez que lo había visto en persona desde su fuga de Sing Sing. Su presencia aquí era mucho más intimidante de lo que había sido durante sus encuentros dentro de los muros de la prisión. Riley intentó recordarse a sí misma que no estaba en ningún peligro físico. Pero todo su cuerpo sabía que Shane Hatcher era el hombre más peligroso que jamás había conocido, y posiblemente

