70 La luz de la mañana tiñe el cielo sobre el horizonte de San Francisco. Ha cambiado para siempre, pero poco a poco empieza a resultarme familiar, aunque no sea reconfortante. Varios barcos recorren la bahía ensangrentada y recogen a los últimos ángeles y humanos que quedan en el agua. Los hombres que tripulan los barcos querían meter a los ángeles en jaulas y dispararles para debilitarlos por un rato. Estoy segura de que hubieran estado felices de calcular el tiempo que les toma recuperarse, quizás incluso estudiar si pueden recuperarse sin comida ni agua. Pero Josiah y los Vigilantes insistieron en que lo mejor que pueden hacer es privarlos de las mantas y las bebidas calientes que los humanos rescatados reciben cuando los sacan del agua. Ahora que Uriel está muerto, hay escasez de A

