Epílogo Camino por en medio de la calle de nuestro antiguo vecindario. Reconozco el edificio agrietado con el grafiti de un ángel que dice: “¿Quién nos cuidará de los guardianes?”. Cada puerta ahora tiene clavada una pluma mojada en pintura roja. Supongo que alguna de las pandillas ganó la batalla por el territorio desde que nos fuimos, y todo esto les pertenece ahora. De todos modos, sospecho que hay gente normal escondiéndose en los áticos y los sótanos de todas las casas. Éste es el extremo sur de la península que no fue quemado por el fuego de la cacería de sangre. Muchas de las paredes están manchadas de hollín, pero los edificios siguen en pie a pesar de todo. Mi hermana vuela delante de nosotras, montada en una de sus langostas. Va gritándole a la gente que los ángeles por fi
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