55 Cuando por fin llegamos al Golden Gate, son casi las doce. Tenemos unas seis horas antes de la puesta de sol. El famoso puente está en ruinas, como todos los demás puentes de la bahía. Varios de los cables de suspensión están colgados en el aire, sujetos solamente en la parte superior. Está roto en cuatro secciones, y le falta un pedazo grande justo a la mitad. Una de las secciones está muy inclinada, y me pregunto cuánto tiempo pasará antes de que también caiga al agua. La última vez que vi el Golden Gate, estaba volando en los brazos de Raffe. El viento helado me golpea en cuanto bajo de la camioneta, y el aire salado me sabe a lágrimas. Un grupo exiguo de gente se arremolina cerca de la orilla del agua bajo el puente, esperando que alguien les diga qué hacer. No esperaba encontr

