Séfora sangraba sin parar, de repente sus colmillos cayeron, ella hizo un gesto agudo de desesperación, el Príncipe Safir, de los herederos de la Casa de los Monguis, había comprendido rápido. Aquella doncella que apareciera aquí no era cualquiera al azar, esta era más rápida que cualquiera de sus hombres, más audaz que nadie, y más poderosa que ninguno en su Clan de Vampiros, él no podría hacer mucho. —Príncipe, la joven señorita de la casa de Asturias morirá, ¿Que hacemos? —Consultó con verdadero miedo. —Esperar a que muera y nos libre de su presencia. —Afirmó Safir mirando siempre hacia la dirección en la que se fuera Jess. Todos quedaron sorprendidos de sus palabras, y siempre habría personas que objeten a las órdenes o los pensamientos que de un jefe, por ello empezaron un murmullo

