Si creen que hay buenos placeres en esta vida, no han conocido de como me hizo sentir mi esposo Alejandro Copoa. Este hombre-demonio que tengo por esposo, se convirtió en un animal, un animal hipnotizante, me acarició todo el cuerpo de centímetros a centímetros y me acarició con esa parte de su anatomía blanda "su lengua" si sabe hacer maravillas ese pequeño órgano, si es que la saben usar. Sus manos son otras de sus armas, la sabe distribuir tan bien, que recorre mi cuerpo sabiamente haciendo de mi su más ferviente devoción. Eso que hasta este momento no ha usado su tercera pierna lista y encañonada. Cuando estamos en esta faena, tocan la puerta de la habitación, es su primo Sebastián. El parece estar preocupado, le susurra algo al oído y mi amado Copoa viene a mí y me habla despacio

