Narra Seung
Estuve todo el camino tratando de despertarla, pero ella no respondía, estaba agonizando.
Xx: ¿Tú novia se encuentra bien?
Sg: Hmm... Si, ella sólo tiene fiebre.
Espero que sea solo eso.
Xx: Ten, tengo un jarabe aquí que suelo darle a mi hijo, es muy bueno, sirve para adultos también.
Sg: Oh nono, no se moleste, cuando llegue a casa le daré algún medicamento.
Xx: Chico, hazme caso, tu novia se pondrá mejor.
Suspiré y tome el jarabe, le di un poco y se lo devolví.
Sg: Muchas gracias señor.
Xx: No hay de qué, joven.
Mientras íbamos camino a casa la miraba, observaba cada parte de su cara, lo linda que se veía dormida. Sus labios, miraba sus labios y me daban ganas de besarlos otra vez como lo hice aquel día. Se que nos distanciamos por ese beso, pero si quizás lo hubiéramos hablado y quizás mostrando nuestros sentimientos estaríamos juntos y no estarías trabajando para ese idiota.
Emma, yo te voy a cuidar, te voy a cuidar hasta donde me lo permitas, seamos amigos o lo que sea, yo voy a estar contigo.
Mientras tanto, seguirás siendo mi gran amiga, desde la infancia, con la que planeaba tener una vida juntos, con la que decidí venir a estudiar aquí. Espero que no te dejes engañar por ese hombre que ya te tiene un poco enamorada y seas realmente feliz porque quieres y no porque te obligan.
La tomé entre mis brazos abrazándola fuerte y poniendo mi mentón en su cabecita mientras acariciaba su cabello.
...
En cuánto llegamos a casa, le pagué al taxista el viaje y el jarabe, el se negó pero yo accedí. Luego tome a Emma y entre rápidamente a mi casa para ir a mi habitación y acostarla en la cama.
Sg: Perdón Emma, pero debo ponerte ropa seca.
Busque ropa mía seca y la deje en la cama mientras me acercaba lentamente y le quitaba su ropa.
Mientras lo hacía ella balbuceaba, ¿Tanto le duraba el desmayo? ¿Y si es algo grave? Aunque tenga fiebre tendría que haber despertado y delirar.
Le quité sus abrigos y luego su remera, en ese momento no pude evitar ver su cuerpo, siempre fue llamativa y linda aunque quería pasar desapercibida porque era tímida y callada.
Mientras tomaba mi remera para ponersela sentí un agarrón en mi muñeca por lo que miré a Emma.
Em: H-hola.
No pude evitar sonreír al ver que despertó.
Sg: Hola tontita... Me alegra que estés bien y despierta.
Ella sonrió sin tener idea de nada.
Em: Hazme tuya.
Sg: ¿¿Qué??
Em: Hazme tuya, por favor.
La miré confundido, pero confirmé que estaba delirando.
Em: Vamos, que esperas...
Sg: Soy Seung.
Em: Mmm, ¿Acaso juegas conmigo?
Creo que ya perdí el hilo de la conversación.
Sg: No soy tu jefe, soy Seung.
Em: ¿Me vez cara de idiota? Se quien eres. Quiero hacerlo contigo, vamos.
Reí y le puse mi remera para luego quitar sus zapatillas y pantalones.
Sg: Duerme un poco.
Me alejé para buscar ropa para mí, una vez que encontré me quité la ropa y me cambié. No me daba vergüenza hacerlo delante de Emma ya que siempre estábamos juntos y nos cambiamos frente al otro sin problema.
Mientras me ponía mis pantalones sentí a alguien abrazándome por detrás.
Me di vuelta y era ella, con su hermosa sonrisa. Como me gustaría que esto fuera real y no por su fiebre..
Em: Hola.
Sonrió al igual que yo.
Sg: Hola tontita.
Em: Vamos a la cama, quiero dormir contigo y que me hagas mimos.
Asentí y nos acostamos.
Sg: ¿Me quieres explicar que hacías en un parque a tardes horas de la noche y con semejante lluvia?
Ella evitó mi mirada y miró hacia el techo.
Em: Yo... No quiero hablar de eso ahor, además no me siento bien.
Sg: Eso ya lo sé.
Em: Por eso tienes que consentirme.
De un momento para otro se sentó encima mío.
Sg: ¿Qué no te sentías bien?
Em: Hazme sentir bien.
Sg: Emma, vamos a dormir, anda.
Em: ¿Me tienes miedo? ¿Asco? ¿Algo?
Se acercó a mis labios lentamente.
Sg: No quiero confundirme mas, basta.
Em: Yo tampoco quiero hacerlo, podemos vivir juntos tu y yo, y Hyu Min.
Está claro que piensa que soy ese idiota.
Sg: Tengo sueño, quiero dormir.
Em: Mm, nop.
Sonrió como una niña.
Nuestras respiraciones se habían juntado, estábamos cara a cara, quería besarla hasta cansarme pero ella esta enferma, no puedo aprovecharme de eso, además piensa en el, no en mi.
Em: Seung, nunca hablamos del beso.
La miré.
Sg: No quiero hablar de eso ahora.
Em: Yo... Quiero besarte otra vez, necesito comprobar algo.
Ambos nos miramos.
Ella cerró sus ojos y comenzó a besarme, por lo cual yo lo seguí. Puse mis manos en su cintura y continué el beso. Era cálido y tierno, parecido al primero, solamente que este no es con sentimientos.
Ella puso sus manos en mis mejillas e intensificó el beso, lo cual yo accedí. Mientras lo hacía comenzó a moverse en mi regazo lo cual provocó que de a poco una erreción se notara. Comenzamos a jugar con nuestras lenguas y volver ese beso salvaje y apasionado por así decirlo.
Pero tuve que separarme porque no quería que esto se fuera más allá.
Em: ¿Qué haces?
Dijo agitada y un poco excitada diría yo.
Sg: Yo se que no quieres hacer esto, estas enamorada de Jacob y además estás con fiebre, por favor, no hagas algo que vas a arrepentirte después.
Ella suspiró y agachó la cabeza. Me dió un beso rápido y se acostó a mi lado.
Sg: Voy a prepararte algo caliente y buscaré un paño para tu frente, ahora vuelvo.
Ella asintió, le di un beso en la frente y fui hacía la cocina.
Le preparé una sopa y tomé un pañito para mojarlo.
Al llegar a la habitación le coloqué el pañito y le di la sopa.
El ambiente se había vuelto incómodo y más con mi bulto notable.
Sg: Bueno, yo...
Em: No te vayas, quédate conmigo.
Suspiré y me senté en la cama.
Em: ¿El no llamó, no?
Sg: No, por lo menos mientras estuve contigo el celular no sonó.
Ella suspiró y bajó la mirada.
Sg: No estés así, quizás ha estado ocupado o debe pensar que te estás haciéndote la rebelde.
Reí y me miró.
Em: Desaparecí desde que el me dejó allí, ¿No se le va a pasar por la cabeza por qué no llego?
Sg: No se Emma, no lo se.
Terminó su sopa y dejo el tazón el la mesita de noche.
Em: Creo que ya me siento mejor, gracias.
Sonrió.
Sg: ¿Te irás a tú casa o a la de tu jefe?
Em: ¿Ya me estás echando maldito?
Me pegó y reí.
Sg: Solo pregunto, porque sino puedes quedarte aquí y podemos estudiar juntos.
Me abrazó y correspondí.
Em: Gracias, en serio.
Sg: Entonces, ¿No vas a volver?
Em: No hasta que me llame.
Y así pasaron días y nunca la llamó, miraba su celular triste y a la vez con la esperanza de que quizás ese día la iba a llamar para saber como estaba o por qué no iba allá.
Mientras todo eso pasaba yo estaba destruido porque ella estaba mal y yo trataba de hacerla reír y hacer que no piense en el para que esté bien, pero yo no podía más.
Me estaba lastimando por voluntad propia.