Roberta no terminaba de creerse lo que ese hombre estaba diciendo, de la misma manera que Rebecca tampoco lo hacía, por eso la verdadera Rebecca sonrió llena de confusión antes de sacudir su cabeza de un lado hacia otro. —¿De qué estás hablando, cariño? —preguntó Rebecca, con los pies clavados al piso. Y es que, no solo era que ella jamás se hubiera esperado escuchar semejantes palabras de ese hombre, también estaba el hecho de que él jamás se había mostrado tan molesto con ella. Sí, Alessandro lucía y sonaba furioso, y era evidente que eso era en su contra, pero Rebecca no lograba entenderlo porque, es decir, su amado esposo le había demostrado amarla hasta el infinito, así que ella estuvo segura siempre de que él le perdonaría cualquier cosa, incluso salir huyendo de ese lugar y

