El lunes comenzó como cualquier otro. Estrella llegó temprano a las oficinas de la CIA, con el cabello recogido y una taza de café en mano. Llevaba una blusa celeste y pantalones beige de corte elegante, y aunque su cuerpo aún recordaba cada caricia de Cristian durante el fin de semana, su mente estaba enfocada en avanzar con el nuevo modelo de diseño. Sin embargo, algo en el ambiente era distinto. Las miradas del personal eran huidizas, como si se murmurara algo importante, algo que ella aún no sabía. Fue Leticia, una de las asistentes del área de finanzas, quien se le acercó con rostro pálido. —Estrella… tienes que ver esto —le dijo en voz baja, entregándole una carpeta. Al abrirla, Estrella sintió un vuelco en el estómago. —¿Qué es esto? —preguntó, aunque ya lo intuía. —Un movimie

