Después de acostar a Olivia en la cama de la habitación de invitados, Edward se incorporó con la intención de salir a buscar a algún sirviente que pudiera ayudar a limpiarla. Sin embargo, apenas dio un paso, ella lo agarró por la manga y lo hizo tropezar. —Agua... —murmuró Olivia—. Tengo sed... Edward frunció el ceño. Reprimió el malestar que empezaba a recorrer su cuerpo y respondió con voz ronca: —Olivia, si tienes sed, suéltame primero. Iré a traerte agua. No sabía si lo había comprendido realmente, pero al cabo de unos segundos, ella soltó su manga. Sobre la mesa había una jarra y un par de vasos. Edward sirvió un poco de agua y colocó el vaso en la cabecera de la cama. —Aquí está. Bébelo cuando te sientas mejor —dijo con tono neutral, antes de darse la vuelta para salir. Pero a

