Al recordar la escena, Olivia se sintió un poco indignada. La furgoneta del hombre, tan resistente, era mucho más barata que su propio coche. Edward le preguntó con calma: —¿Qué coche conducía? —Un Wuling Hongguang, un vehículo compacto multipropósito—. Cuando terminó el té, Olivia sintió el cuerpo más cálido. En Ningpo, el clima era extraño: sofocante durante el día, pero helado en la noche. Si Edward no hubiera aparecido, quizá habría muerto en el camino. —Todavía no me has dicho cómo llegaste aquí—. Olivia lo miró con confusión. Edward no explicó demasiado. Sólo dijo que fue Alayna quien le pidió que la buscara, y que estaba cerca resolviendo unos asuntos, por lo que pudo llegar rápido. —¿Coincidencia?— Olivia resopló, aún congestionada por el frío de la brisa nocturna. —¿Qué o

