—Lo haré—. Brook asintió. —También quiero pasar más tiempo con mi nieta y con mi hija—. Después de toda una vida, al borde de la muerte, quien lo acompañaba era precisamente la hija con la que nunca había tenido una relación cercana desde niña. Las otras dos, probablemente, seguían tramando cómo quedarse con la empresa. Si ese era su último deseo, al menos lo cumpliría. …. A altas horas de la noche, las luces de neón fueron iluminando poco a poco todo Nankín, sumiendo a la próspera capital provincial en un espectáculo de bullicio y desenfreno. En la azotea de la villa de cuatro pisos, el viento nocturno levantaba el dobladillo del pijama de seda del hombre. En su mano, la copa de vino tinto se balanceaba con el líquido escarlata, que brillaba como fauces abisales, reflejando su profun

