El anillo había estado en el bolsillo de su traje durante medio mes. Kevin esperaba el momento oportuno, el instante que hiciera palpitar su corazón, para poder mostrarle toda su pasión sin reservas. Alayna se quedó congelada. Inconscientemente dio un paso atrás y la lluvia empezó a golpearle la espalda. Kevin extendió de inmediato su paraguas para cubrirla y, con la otra mano, se metió al bolsillo del traje. —No lo saques—. La voz de Alayna lo detuvo en seco. —Kevin, si lo sacas ahora, no nos volveremos a ver nunca más—. Kevin quedó aturdido, incapaz de creer lo que acababa de escuchar. —Alayna, tú...— —Ya es demasiado tarde. Hoy hemos hablado demasiado y tú también piensas demasiado. Me voy a casa. Tú deberías hacer lo mismo—. Habló rápido, como si quisiera dar por terminada la

