12. Sydney

1493 Palabras

No sé por qué, pero era imposible no desear que el mundo y todos sus prejuicios desaparecieran cuando estábamos cerca, así que cuando lo vi levantarse de su silla sentí de nuevo como si todo se detuviera a mi alrededor. Desde que llegué a la fiesta no había puesto atención en la vestimenta de ningún hombre, en este caso no pude dejar de admirar a ese hombre con aquel elegante traje de la época en cuestión. Su camisa era blanca, adornada por una elegante corbata negra, con un chaleco color Vinotinto de botonadura sencilla y pantalón n***o. Y sobre todo eso, llevaba un saco con la cola larga hasta los muslos, que solo lo hizo ver todavía más elegante y masculino. Antes de darme cuenta, obedecí la indicación del orador y bajé de la tarima para presentarme ante mi comprador. Nadie sabía quién

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