Aunque las cosas entre ambos habían mejorado, tanto para Alejandro como para ella, Vera se sentía muy nerviosa. La idea de la fiesta no le agradaba mucho, pues había acudido a algunas junto con Augusto y le era muy incómodo tener que interactuar con personas que desconocía. Faltaba un día para la fiesta. Cuando Vera entró a la casa de Alejandro, este la recibió con un hermoso paquete en las manos, con un gran lazo rojo, y tenía los ojos llenos de brillo. Se podía decir que hasta estos contenían emoción de lo que traía consigo. —Vera, mira, llegó el vestido. Es para ti y no acepto un no por respuesta. —Aceleró el paso de la silla de ruedas y se lo dio. Sorprendida, sacó de la caja un hermoso vestido rojo, aunque era el color que más odiaba, pero al ver la cara de alegría de Alejandro no

