Capítulo 40: La llamada inoportuna Me quedo congelada. No me esperaba que fuera él. Pero en vez de darle la oportunidad de hablar, solo reacciono y cuelgo. Aprieto el móvil entre las manos, con el corazón a mil por hora y la respiración agitada. Segundos después vibra otra vez, sé que es él. Estoy a punto de lanzarlo contra la pared pero, en el último momento, una presión en mi interior me obliga a descolgar. —Para, Timoti. No puedes hacerme esto —digo con los dientes apretados. —Escúchame. Solo quiero hablar, por favor. Sé que estás molesta, pero solo te pido unos minutos. Nada más. Y después, si tú quieres, desapareceré para siempre. Se calla, pero escucho su respiración a través de la línea. No recordaba lo bonita que era su voz por teléfono. Y realmente no quiero recordarlo.

