La mente de Teo estaba hecha un completo caos. Un hombre, un ser humano tan común, normal y corriente como él, había estado frente suyo hacía solo un momento, pero al siguiente, su rostro se deformó tanto como su cuerpo. Su mandíbula se alargó y se llenó de peligrosos dientes afilados. Su cuerpo creció el doble del tamaño inicial y su masa corporal aumento a la vez que mucho pelo creció en todas partes. Un monstruo. Esa era la única palabra que Timoteo tenía para describir a la cosa frente a él. Tan asustado estaba, tan paralizado se encontraba, que en el instante en que le vio acercarse alzando uno de sus brazos en su dirección, mostrando unas afiladas garras peligrosas, su mente gritó corre, pero su cuerpo simplemente de quedó donde estaba, negándose a moverse. Esa deforme mano peluda

