Capítulo 4

2556 Palabras
Su mano acaricia un mechón de cabello que reposa en mi mentón y luego lo coloca tras mi oreja. Sentir la caricia de un completo desconocido, o en mi caso casi desconocido, sería algo totalmente incómodo para cualquier otra chica en mi lugar. Pero no lo es para mí. Y me pregunto ¿Por qué…? Sí, es cierto que al escucharlo decir mi nombre por primera vez hace unas horas atrás algo en mi cambio. ¿Pero en serio, a este punto? No lo entiendo, trato. Ahora que lo tengo a solas frente a mí, en serio trato. Pero luego, no entiendo porqué su actitud tan… Insensible y bipolar. Me frustra y atrae al mismo tiempo. Todo el me confunde. Todo. Y no entiendo porqué eso tiene que ser tan atrayente y al mismo tiempo, tan amargo para mí. No puede ser que un momento antes de topármelo todo esté bien en mi, que mis ánimos sean los mejores y que luego cuando lo veo, cuando él está frente a mí, todo se detiene. Todo cambia. Es como si él fuese tóxico cuando otras personas nos rodean. Pero al estar a solas, Ryan es otro y eso, me hace otra ha mi también. No es que lo conozca demasiado pero… Es como si su aura me consumiera cada vez que lo veo. Me amarga si él lo está, me alegra si él lo está y me aleja si su actitud no es la mejor. Fases… Todo con él es en fases. Retracción. Atracción. Consumo. Noción. Esto es extraño, de verdad lo es, porque apenas lo conozco y ya me hace ver y sentir todo lo mencionado. Su nariz vuelve a rozar la mía cuando se acerca otra vez y… — Di mi nombre. — ¿Qué? —Susurro pálida. — Dilo, por favor. —Dice eso último entre dientes. — Ryan. —El ladea una sonrisa y deja de mirarme a los ojos para mirar hacia la ventana— ¿Puedes aflojar el cinturón? En serio, me aprieta demasiado. —Al decir eso su sonrisa muere y su mirada vuelve a mi. — Dilo otra vez. — ¿Qué cosa? — Mi nombre. — ¿Estás jugando conmigo? — No. —Sus labios se tensan en una línea— ¿Parece que lo hago? — El cinturón. —Suspiro— Por favor, Ryan. — Así no. Pongo los ojos en blanco al escucharlo decir eso. — ¿Así no qué? — Quiero que lo digas como lo hiciste esta mañana. Me humedezco los labios con la lengua y por consecuencia, muerdo mi labio inferior al sentirme confundida. Pensé que había sido la única que… — Val… —Su voz me hace mirarlo— Hazlo. ¡Es que no sé cómo hacerlo! Lo de esta mañana fue espontaneo. — No sé. —Logro decirle casi sin aliento. Detesto estar bajo presión. Pero con él quizás ya no tanto. Simplemente, me hace olvidar. — Te lo puedo recordar. —Su mirada está en mi boca. ¡Mierda! Mis labios se entre abren y mi corazón se acelera. ¿Pero qué me pasa? Esto es nuevo. No debería ser así. Quiero bajar del auto, me está intimidando demasiado y ahora me siento muy agitada. Me siento muy… — Hubo algo que… —El guarda silencio cuando la cercanía es demasiada— Me atrajo de ti cuando nos conocimos el lunes. ¡Oh vaya! Lo recuerda. Pero, esperen. ¿Qué? ¿Dijo que le atraigo? ¡Ay no! — No sé como explicarlo. —Toma una pausa y se lame los labios, son tan lindos— Eres bocona. Palidezco. — ¿Bocona? —No sé si me di a entender de lo bajito que hable. — Sí. —El sonríe— Boca liberal. — ¿Liberal? —Vuelvo a cuestionar. — Rebelde. —Sonrie— Sí… Eso eres. — Oh… Asiento anonadada. No sé si sentirme halagada o todo lo contrario, que ese comentario haya sido un insulto disfrazado. Aunque eso último, no. No lo creo. En lo absoluto. Sé que soy rebelde. Pero casi nadie más que mi padre se atreve a cuestionarme por eso. Hasta ahora. — Las chicas no son así en Londres. —El vuelve a hablar— No esperaba que lo fueran aquí. — ¿Porqué? — Es evidente. —Sonríe de nuevo— Ciudad pequeña, personas más cultas. Tradicionales, para nada convencionales. ¿Entiendes? — Sí. — ¿Por qué tú no eres así? — Crecí en la ciudad de Luxemburgo. —Suspiro ante su cercanía, ya me es muy difícil disimular que no me intimida— La capital del país. — Mmmm. —Su mirada vuelve a mi y me ruborizo— No sé muy bien el porqué, o tal vez sí pero es complicado. — ¿Qué cosa? — Tú me gustas. — ¿Ah? —Vuelvo a palidecer. — Y quiero besarte. — Oh por dios… Palidezco y creo que ahora es muchísimo más evidente porque su ceño se frunce. Busco como quitarme el cinturón de seguridad pero no sé como. No tengo conocimientos sobre este modelo de auto. Aunque no debe ser tan complicado, pero los nervios y el abrumo del momento me pueden. — Vaya… —Lo escucho murmurar pero no me atrevo a mirarlo— Que rechazo tan feo, nunca nadie lo había hecho antes. — Bueno, yo… —Me trabo y el me interrumpe. — No importa, me gusta que seas la primera. —Dice sin más y se acerca para aflojar mi cinturón. No tienen idea, el alivio que invade cada partecita de mi hermoso cuerpo al sentir como el apretón disminuye de mi pecho con el pasar de los segundos. Me sentía atrapada y ciertamente, sofocada. Cosa que no es del todo fantasía. Porque estaba atrapada, entre el asiento y sus manos. — Gracias. —Logro decir antes de que él vuelva acercarse demasiado a mi rostro otra vez. — Ahora dilo. Mis ojos en blanco le hacen saber que no entiendo a qué se refiere. — Mi nombre, Val. Oh por dios… De los nervios ya siento que me hago chis encima. — Es que yo… No sé como hacerlo, así como tú quieres oírlo. Yo no… —Me trabo— Eso fue espontaneo. — ¿Como esto? —El susurra y dejo de pensar cuando sus labios rozan los míos. Mis labios entreabiertos por la impresión dan acceso para que su lengua roce mi labio inferior y luego el superior. Gimo cuando su boca se apodera de la mía y me frustro cuando sin darme cuenta, correspondo su delicioso y abrumante beso. Una de sus manos rodea mi cuello, aferrándome al asiento sin darme posibilidad de escapar de su ardiente beso y la otra, acaricia mi mentón. Su boca jugosa y la mía batallan una guerra abismal, su lengua habida saborea cada parte de mi ser sin piedad. Su beso es feroz. Está lleno de evidente deseo. Y creo que el mío, también. — Ryan… —Gimo entre sus labios tratando de apartarlo de mi. Pero me es tan difícil. Sus manos sujetando mi cuello y mentón, no es que me dejen muchas opciones. A menos que le dé un cabezazo. Que faltas ya no me hacen. — Así… —Lo escucho susurrar contra mi boca— Así quería escucharlo. — ¡Eres un atrevido! —Gimo berrinchuda. — Lo sé. —Sonríe con la mirada y vuelve a besarme, pero esta vez, con más suavidad. Sus labios rozan los míos con ternura, con suma delicadeza. Y tal acción me noquea, porque no hasta hace unos segundos me estaba dando el beso más feroz que alguna vez crea volver a recibir en toda mi existencia. Y ahora, me sorprende con esto. ¿Ángel o demonio? ¿Cuál de las dos es? Un beso demonial y ahora uno angelical. Estoy que muero. Su lengua lame mi labio inferior con ternura y finaliza con un casto pero al mismo tiempo, sonoro beso. Creo que hizo eco en todo el auto. Recupero el aliento cuando él se aleja de mi y regresa por completo a su asiento. El ladea una sonrisa mientras enciende el motor y luego pulsa un botón cerca de la radio y el techo del auto se abre. Vaya, el hermoso Camaro también resultó ser convertible. — Es un lindo auto. — Gracias. —Vuelve a mirarme y su sonrisa ya no está más— Tú también lo eres. — Bueno, yo no soy un auto. —Murmuro con desinterés, haciéndome la graciosa. Pero parece que funciona porque la carcajada que lo abandona me toma por sorpresa. Ryan conduce con cuidado hasta la salida del estacionamiento y la mirada de todos los estudiantes que deambulan de un lado a otro caen sobre nosotros. En especial, sobre mí. ¡Vaya! No tengo ninguna duda de que seré nuevamente el chisme de toda la universidad. Ya en carretera, Ryan acelera su hermoso auto al ver el camino despejado. — ¿Puedes calmarte? Bájale a la velocidad, te van a multar. El se ríe como si lo que he dicho fuese algo realmente gracioso y eso me hace fruncir el ceño. — ¿Qué es lo gracioso? — Tú. Ladeo la cabeza para mirarlo directamente a los ojos, pero me topo con sus lentes que ocultan gran parte de su rostro. Había olvidado que los carga puestos. — No lo harán. — ¿Qué cosa? —Apenas y capto su respuesta. Los pensamientos me invaden. Si mi padre me ve junto a él me matará. Sobre todo si se entera de una multa. ¡Ni loca! No quiero otro día de discursos ni un castigo para mí vida eterna. Al vivir con el, ser mayor de edad no importa y eso es algo que no puedo olvidar. — Nadie va ha multarme, Val. — No me importa, de igual forma no quiero que corramos riesgos. —Replico— No quiero que me vean junto a ti si así fuese. De golpe, el auto se detiene. Dejando las huellas de los neumáticos sobre el pavimento. El frenazo que Ryan hace, casi me saca volando del auto. Bueno, decir eso es un tanto exagerado. Pero en efecto, casi hace que impacte mi cabeza contra la guantera. — ¡Por Dios! —Grito— ¿Pero acaso estás loco? ¡Casi nos matas! — ¿No quieres qué? —Espeta. — ¿Acaso no entiendes lo que acabas de hacer? —Vuelvo a gritar— ¿No escuchas lo que digo? Estoy tan enojada, que sin darme cuenta, comienzo a forcejear con el cinturón de seguridad hasta que logro desabrocharlo y por consecuencia, bajarme del auto. — ¡Valerie! —Lo escucho gritar. Ryan baja del auto y lo sé porque cierra la puerta con fuerza y lo escucho dar pasos tras de mi. — Detente ahora. —Ordena. — ¡Que te jodan! —Espeto mientras camino más rápido, no se a donde voy pero no me importa con tal y de alejarme de él— Déjame en paz. ¡Estás demente! No logro llegar a la siguiente esquina cuando siento su gran mano rodear mi cintura y de un fuerte tirón, delirar al sentir como mi espalda choca contra su amplio pecho. Su otra mano disponible se envuelve en mi cuello y lo aprieta con cierta delicadeza pero brusquedad al mismo tiempo. Puedo sentir, como su corazón late con desenfreno al igual que el mío. Puedo sentir, como su mano rodeando mi cintura busca aflojar su agarre pero al final no lo hace y sus dedos divagan entre mi blusa a la altura de mi abdomen. Cierro los ojos al concentrarme en su tacto y mis piernas quieren ceder. Tiemblan como si fuesen gelatina. Y su aliento… Galopea contra mi cuello haciendo que un jadeo me abandone. ¡Diablos! Juro que no sé que me pasa con este hombre. — ¿Te avergüenza que alguien te vea conmigo? —Susurra contra la piel expuesta en mi cuello— ¿Por qué Val? ¿Por qué te avergüenza? No debería ser así… —Su voz tan suave es tan seductora— Apenas y me conoces. No sabes nada de mí, por lo tanto, no hay de lo qué avergonzarte. — Yo puedo avergonzarme de lo que quiera. —Logro decir apenas, me siento intimidada, pero demasiado, no consigo las palabras correctas— Mírate… No eres el tipo de chico con el que mi padre quisiera verme en la calle. Mucho menos por una multa. — ¿En serio? —Susurra contra mi cuello, sus labios rozando mi piel. ¡Ay por favor no! ¿Pero qué es esto? Tengo la piel de gallina. Y todo por culpa de su roce, de su contacto. Esta cercanía es demasiado íntima. ¿Cómo se atreve? — Sí… —Respondo en un hilo de voz— Eres el tipo de chico que tiene tatuado como advertencia en toda partes, la palabra «Peligro». — Me gusta eso... —Sonríe y su nariz se frota en mi cabello— Porque lo soy, Valerie. Lo soy. — ¿Acaso eres un asesino en serie? —Murmuro sonrojada y con los ojos cerrados. — Podría serlo por ti. —Suspira contra mi oído— Podría ser todo lo que tú quisieras que sea. Abro mis ojos ante su respuesta y con el rabillo de mi ojo izquierdo logro encontrarme con su mirada. — ¿Por qué? — Ya te lo dije, me gustas. —El toma un poco de distancia de mi rostro— Y no me preguntes el porqué. No daré razones, mucho menos explicaciones. — Entonces no esperes que yo las de. El sonríe, triunfante. — Lo harás. — ¡Jah! —Me atraganto una carcajada— ¿Qué te hace creer que lo haré si tú no lo haces? — Porque no me querrás ver enloquecer. —Su mirada sostiene la mía, está muy seguro de lo que dice y eso me enoja, porque sé que me está manipulando, o mejor dicho. Chantajeando— Nadie lo querrá ver. — ¡Sí claro, como no! — No me retes bebé, no lo hagas. —Advierte y su mirada gélida me acelera más allá de lo posible— Porque haré cualquier locura con tal de lograr lo que quiero. — Definitivamente, tú estás loco. — Sí, lo estoy. Todo eso y más. —El se pasa la mano por el pelo y ladea la cabeza para mirar hacia atrás— Vamos, ya basta. Regresemos al auto. — No. — Valerie… — Ya te lo dije, que si vas a conducir como un loco sin frenos, no quiero que me vean junto a ti. ¡Estuviste a punto de matarnos con ese frenazo! — Bebe, mira tras de ti. Ya todos nos están viendo, por si no te das cuenta, estás armándome una escena en plena calle. Palidezco y lentamente me giro para ver tras de mi. En efecto, uno que otro transeúnte nos está mirando. ¡Oh mi dios! Lo arruiné. Sin duda mi padre se va a enterar, lo pequeño de esta ciudad a veces, suele ser una desgracia...
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR