Al ver tal cosa, me vuelvo hacia Ryan y éste toma de mi mano para llevarme de regreso al auto.
Cuando volvemos a la carretera, susurro de mala gana:
— Lo siento.
El aprieta los dientes y también los nudillos sobre el volante.
— Yo también. —Resopla— En primer lugar, no debí besarte y en segundo lugar, tampoco debí traerte a la fuerza para hacer el recorrido.
Frunzo el ceño al escucharlo decir eso porque me toma por sorpresa.
¿Hizo tanto alboroto para nada?
En serio, no lo entiendo. Pero bueno, me alegra que haya entrado en razón, al menos, ya podrá dejarme en paz.
— Está bien. —Digo satisfecha— ¿A dónde vamos?
— De regreso a la universidad.
Abro los ojos como platos.
— ¿Ya no quieres hacer el recorrido? —No sé porque pregunto eso si es tan evidente después de lo que él a dicho.
— No.
— ¿Es en serio? —Susurro atónita— ¿Haces tanto alboroto para al final no querer hacer nada?
— ¿Acaso tú quieres hacerlo? —Gruñe— Es obvio que no. Te estoy librando de mí, deberías estar contenta por ello. Es lo que haz querido.
— ¿Tú qué sabes lo que quiero?
— Yo sé todo lo que debo saber. —El me mira— Es evidente que no te agrado, tampoco quieres que nos vean juntos en público. ¿Y hacer un recorrido sería todo lo opuesto a ello, no es así? —Sonríe con evidente sarcasmo— Puedes estar tranquila, no le diré nada ha la maestra Jones.
Guardo silencio porque no sé qué decir ante ello, ya que el momento es agridulce.
Hace unas horas armó un alboroto para obtener este recorrido y luego, hace unos minutos atrás, estaba besándome con loco frenesí, para ahora terminar así.
Esto es…
No sé, extraño.
Siento mi pecho apretadito, como si una pieza se hubiese perdido.
Roto.
— ¿Estás molesto? —Pregunto en un hilo de voz.
— ¿Contigo? —Bufa— No.
— Está bien.
Al llegar a la universidad y después de estacionar el auto, me bajo de este y Ryan también lo hace.
Me vuelvo para mirarlo, para decirle algo, no sé que pensaba decirle pero no fue necesario, porque él me pasa por un lado, literal me pasa de largo y ni siquiera se despide.
Ni siquiera dice nada más.
Y me frustro.
En medio del estacionamiento, sola. Me siento la mujer más frustrada de este mundo.
Lo veo desaparecer dentro de la universidad y un nudo se apodera del centro de mi pecho.
No lo entiendo, simplemente no entiendo nada.
En efecto, no quería hacer el recorrido, no quería que me vieran con él por ningún motivo, jamás quise formar parte de este equipo de voluntariado y ahora…
Me veo atrapada en la incertidumbre. Porque sé que tendré que volver a verlo.
Y no sé cómo podré actuar después de ese beso.
Un beso delicioso, por cierto.
El beso más rico y feroz que alguna vez vuelva a recibir.
Me giro para caminar hacia la salida y me encuentro con Rupert.
— ¿Y tú qué haces aquí? —El pregunta de golpe antes de que yo pueda decirle misa— ¿No se supone que te fuiste hace menos de treinta minutos?
— Discutí con él y se canceló el recorrido.
— ¡Esa es mi chica! —Vocifera sonriente.
Rupert alza la mano para chocar nuestras palmas, pero no estoy de ánimos para festejar, sinceramente, no me siento con ánimos de nada.
Ryan y toda su rara actitud, es desgastante.
Y no debería ser así, no para mí.
Al fin y al cabo, hasta esta mañana yo no quería volver a verlo.
— ¿Vale…?
— ¿Sí? —Respondo desorientada.
— ¿Qué pasa? —Frunce el ceño y se acerca para abrazarme— ¿Qué tienes? ¿Ese idiota te hizo algo? —El alza la voz.
— Cálmate. —Suspiro.
— Entonces… ¿Qué tienes?
— Cansancio, supongo.
Rupert rodea con una de sus manos mi cintura y mientras caminamos hacia su motocicleta, apoyo mi cabeza en su hombro.
— Vamos, te llevo a casa.
— Gracias...
★*★*★*★*★
19:30 PM
Mi mejor amigo Rupert se fue hace menos de una hora a su casa y ahora está de camino al bar.
El vive a solo dos calles de mi casa.
Remich es una ciudad muy pequeña, en la cual no habitamos más de cuatro mil personas. Así que es común que en su mayoría nos conozcamos o al menos, sepamos sobre la existencia de nuestras familias.
En mi caso y por desgracia, mi padre es el comandante de la policía estatal. Así que todos aquí, saben quién soy.
Lo mismo ocurre con Jordan, ya que su padre es nada más y nada menos que el alcalde.
La familia de mi amigo Rupert desde su llegada siempre ha sido modesta y hulmide, tienen lo suyo, pero no sé compara con los demás, aunque, últimamente, se han dado mucho más a conocer gracias a su padre, es uno de los mejores mecánicos de la ciudad. Cosa que fue sorpresa para muchos, ya que al llegar a Remich, junto a su esposa era encargado de una panadería, hasta que reunió lo suficiente, con ayuda de Rupert y abrieron su propio negocio, su taller. Y ahora su esposa, se hace cargo de la panadería. Son una familia hermosa y admirable. Les auguro un gran futuro si siguen así de unidos y prósperos.
Aunque nuestro pequeño país, Luxemburgo, se ha destacado en la unión Europea gracias a su gran producción. Este es un país para emprendedores, un país que brinda infinitas oportunidades y aquí, nadie carece nada ni pasa necesidades porque ganan lo suficiente como para darse una buena vida.
Todos se consideran ricos. Incluso así no lo sean, ya que su salario es tan bueno, que pueden darse los lujos que desean y que muchos en otros países desean.
Y como ejemplo, la familia de mi queridísimo Rupert.
Por otro lado, están mis amigos Roger y Samantha. Sus padres forman parte de la gran elite de nuestra pequeña ciudad.
Los padres de Roger emigraron de los Estados Unidos hace más de quince años, he invirtieron como si no hubiera un mañana en varios negocios de la ciudad y comunas allegadas. Es por ello que son tan exigentes con mi amigo, tienen una reputación que mantener y un ejemplo ciudadano que cuidar y seguir manteniendo.
No estoy muy de acuerdo con esas costumbres, pero así son las cosas aquí. Mientras tu familia sea de bien y tus hijos den la talla, todo estará en orden.
Lo mismo ocurre con Samantha, aunque con ella es un tanto diferente, ya que proviene de la familia real. Su madre es hermanastra del duque de Luxemburgo. Y mi amiga, tiene mucha más presión a su alrededor que cualquiera de nosotros.
Aunque bueno, a excepción de Roger y mi persona. Pero lo de nosotros es por otras razones.
La familia de mi madre… Esa, es otra historia. Pero para abreviar, aparte de ser conocida por la labor de mi padre, lo soy por ser bisnieta de uno de los fundadores de Remich.
Hay mucho en juego aquí.
Para nosotros.
Me giro en la cama, tratando de conciliar el sueño pero no lo consigo. Son muchos pensamientos los que me abruman en estos momentos.
Pero en resumen, decidí no ir al bar y mis amigos me odian en estos momentos por ello.
Claro está, que eso no es lo que me quita el sueño.
Sino, el.
Cosa que me sorprende porque no me había pasado antes y hace días que lo conocí.
¿Por qué me pasa ahora?
¿Acaso un pinche beso puede cambiarlo todo?
Sus rabietas… me frustan tanto. Ni siquiera debería estarlo pensando.
Y sé que sonará extraño, quizás ya me contagio su locura y tal vez lo esté alucinando, pero hace media hora lo ví pasar frente a mi casa.
Lo juro.Ví su auto.
Y hasta donde sé, gracias a lo detallista que soy, no hay en la ciudad otro auto como su Camaro.
Es el… Tiene que ser el.
¿Qué hacía pasando frente a mi casa?
Y lo más importante. ¿Cómo sabe dónde vivo? No recuerdo haberle mencionado mi dirección.
No fue coincidencia, porque eso fue lo que pensé la primera vez que lo ví pasar.
Pero no, él pasó frente a mi hogar tres veces.
¡No una, sino tres!
Así que no, es imposible que lo visto sea una alucinación a menos que esté soñando despierta, lo cual me parece de locura.
Vuelvo a girarme sobre la cama pero esta vez viendo hacia la ventana y la curiosidad me puede más que la vida.
Así que me pongo de pie y camino lentamente hacia ella. Bajo la luz de la luna, ruedo la cortina hacia un lado y luego abro la puerta corrediza que da a mi pequeño balcón privado.
Extiendo mis manos sobre la barandilla y dejo de mirar hacia el cielo para observar la calle.
Todo está en silencio y vacío. Uno que otros autos estacionados frente a las casas de mis vecinos y nada más es lo que logro ver.
Observo el cielo unos cuantos minutos más antes de adentrarme nuevamente en mi habitación y regreso a la cama.
Viendo hacia el techo recuerdo lo extraño que mi día inicio y mi ceño se frunce.
¿Por qué estoy así?
No me reconozco en lo absoluto.
Me siento tan… Abrumada.
Me giro viendo hacia la pared y un minuto después, mi teléfono comienza a sonar.
Lentamente vuelvo a girarme y estiró mi brazo hasta la mesita de noche donde reposa mi teléfono.
Contesto de mala gana y sin observar quien llama.
— ¿Bueno?
— ¡Amigaaaa! —El grito de Samantha hace que mi corazón salte del susto— ¡Tienes que venir al bar de Lucho! No sabes lo que acaba de pasar.
— No puedo ir… Pero ya estás llamando así que, cuéntame, ¿Qué está pasando?
— ¿Si recuerdas a Ryan, el chico al cual me pediste que le hiciera un recorrido? ¿El músico? ¡Obvio que sí lo recuerdas!
Mi corazón se acelera mucho más al escuchar su nombre y sin darme cuenta, me veo sentada en mi cama.
Por supuesto que lo recuerdo.
¡Pero qué pregunta es esa!
— Sí, ajá. —Susurro con “Desinterés”.
— ¡Él está aquí! Junto a su banda. —Dice emocionada— No están tocando ni nada de eso, solo están pasando el rato. ¡Y no sabes lo mejor! Me invitó un trago y estuvimos hablando por un largo rato. —Ella se ríe— ¡Mi dios! Es muy lindo. Y me invitó a salir.
Palidezco ante lo escuchado y luego ruedo los ojos.
¡Ya basta! Esto es tan estúpido.
Estoy aquí encerrada, porque él hizo de mi día un completo desastre. Y ahora él, está muy campante bebiendo en el bar he invitando a mi amiga a salir.
¡Es el colmo!
Listo, lo detesto.
— ¿Valerie? ¡Me estás escuchando? —Samantha alza la voz sobre la música.
— Sí, lo hago.
— ¿Te pasa algo o qué?
— No, simplemente estoy cansada y llamaste cuando justamente estaba por dormir.
— Oh… ¡Está bien! Te dejare descansar entonces. —Voy a colgar pero la escucho hablar de nuevo— ¡Espera! —Grita— ¿Qué le digo? Jordan llegará en cualquier momento y obviamente no me puede ver con el. Pero tampoco quiero decirle que no.
Me cubro el rostro con la mano disponible y niego con la cabeza varias veces.
¡Dios mío! Dame un tanto de paciencia.
— Amiga… Ryan no es hombre para ti.
— ¿Acaso te interesa? —Gime con tristeza— Entre ustedes paso algo que…
— ¡No! —Digo asqueada y sin dudar— Por supuesto que no me interesa. Pero eres mi amiga y debo ser sincera contigo. ¿O prefieres que mienta?
— No. —Susurra tierna.
— Lo poco o mucho que tengo de hablar con el, es suficiente para decirte que no vale la pena. Por el simple hecho de que es un músico, su vida está en los escenarios. Se la pasa cantando en todas partes, a él lo que le sobran son las mujeres. No querrás formar parte del montón. O una de las muchas que se lleva a la cama. Con solo verlo, sé que su aura grita peligro por todas partes Sami. No es el indicado.
— Sí, tienes razón. —Suspira, resignada— Aparte, ¿Sabes algo? Yo creo que le interesas y pensándolo bien, creo que él me está usando para llegar a ti.
— ¿Qué? —Espeto.
— Sí… —La llamada se entrecorta.
— ¿Samantha?
— Sí, aquí estoy. ¿Me escuchas?
— Si dijiste algo no lo escuché.
— Decía, que me estuvo preguntando mucho sobre ti. —Se calla por unos segundos, como si estuviera comiendo algo— Cosas raras y algunas muy específicas.
— ¿Le dijiste dónde vivo?
— No con exactitud.
Caigo de espaldas sobre la cama y cubro mi rostro con una almohada.
Ahora confirmo que sí era el pasando frente a mi casa hace una hora.
No tengo la menor duda.
— Creo que aceptaré salir con el para ver qué más puedo obtener. Si no me lo puedo comer, entonces tienes que hacerlo tú Valerie, ese hombre está como quiere. ¡Es todo un papasito!
— No me interesa, no en ese sentido. —No estoy muy segura de ello pero tampoco lo haré saber si así fuese— ¿Rupert está allí?
— Sí. ¿Te lo paso? —Ella pregunta y luego la escucho gritar el nombre de mi amigo— Estaba aquí, pero ya no lo veo. Seguro fue al baño.
— Está bien, no pasa nada.
— El se acaba de ir. —Esa es la voz de Roger.
Se escucha un poco distante por la música, pero la conozco a la perfección.
— Vale, Rupert ya se…
— Sí, escuché, gracias Sami.
— Si pasa algo más, te cuento todo mañana. ¡Nos vemos!
— Adiós.
Finalizo la llamada y dejo el teléfono sobre mi mesita de noche otra vez.
Esta no es la conclusión de día fatal que me hubiese gustado tener.