Capítulo 8

3446 Palabras
Ya con unos cuantos tragos más encima, puedo decir oficialmente que estoy un tanto tomada o demasiado feliz de lo inusual y lo demuestro en medio de la pista mientras bailo junto a mi mejor amigo al ritmo de la musica electronica de David Guetta, me giro en los brazos de Rupert quien también tiene sus tragos demás aunque no tantos como yo y este me sostiene justo a tiempo antes de tropezar y caer gracias a mis propios pies. Me río con fuerza ante el hecho y Rupert también lo hace conmigo. Con sus brazos y manos rodeando mi espalda él aprieta mi pecho contra el suyo y endereza la postura de ambos para segundos después, seguir bailando y cantando como locos sin frenos. Samantha y Jordan se nos unen y los cuatro nos apoderamos de la pista bailando al ritmo de la música con nuestras propias coreografias. Hasta que un ruido estruendoso de botellas y vasos de vidrio cayendo al suelo proviene de una de las mesas, los cuatro nos giramos dejando así de bailar. Al ver que el ruido proviene de nuestra mesa y de que Roger está siendo golpeado por un total extraño (Pues nunca antes había visto a ese hombre) — ¡Ya déjalo! —Ceci grita mientras golpea al extraño por la espalda y este la empuja haciéndola caer al suelo— ¡Ayyy! Junto con Samantha gimo llena de horror al mismo tiempo en que Rupert y Jordan no dudan ni un segundo en ir al rescate de Roger. Ambos corren al mismo tiempo y al llegar a la mesa, abordan al extraño sujeto y lo derriban al suelo. Roger se pone de pie con dificultad pero logra mantener la estabilidad y se aleja unos cuantos pasos, al mismo tiempo que cubre su nariz con una de sus manos. Es muy evidente que el ataque lo tomó por sorpresa. Los guardias del establecimiento aparecen justo a tiempo para llevarse al sujeto que agredió a mi amigo y este es atendido de inmediato por un enfermero que se ofreció a revisarlo y el cual se encontraba disfrutando con una chica en la barra. He de suponer que hoy era su noche libre. Pobre... Hasta en su noche libre ejerce su labor. Rupert y Jordan se acercan hasta nuestro amigo para saber de su estado y cuando nosotras también estamos por acercanos, la voz del innombrable resuena tras nosotras. — ¿Por qué tan solas? Samantha se congela al instante y yo simplemente ruedo los ojos. Increíble... ¿Acaso no hay un día en el cual me pueda librar de su presencia? — No estamos solas, gracias por el interés. —Murmuro con indiferencia. — ¿Y dónde están sus acompañantes? — Atendiendo a nuestro amigo... — Ohh... Auch. —Ryan hace un gesto de dolor— Así que tú amigo es al que le estaban dando la golpiza. — ¡Ya cállate! —Espeto y tomo a Samantha del brazo para ir a nuestra mesa rápido. Al llegar, suelto la mano de Sami y esta corre hacia Jordan quien la abraza de inmediato. Roger gime mientras el enfermero limpia su nariz y le escucho decir: — Estará bien, por fortuna no hay fractura. La mala noticia, es que mañana tendrás un lindo hematoma. — No me diga... —Roger gruñe con evidente sarcasmo y luego le agradece al enfermero después de que este le venda la nariz con uno de los utensilios que encontró en la caja de emergencias médicas que le entrego el señor Lucho. Resulta ser que el agresor es el ex novio resentido de nuestra amiga Ceci, quien creía que Roger era el hombre responsable por el cual ella había terminado la relación con él. Cuando el único responsable y culpable es él mismo. ¡Machista al fin y al cabo! Pero mi amigo Roger no tiene nada que ver ahí. Rupert me llega por detrás y abrazándome al rodear sus manos en mi cintura y abdomen, aprieta mi espalda contra su amplio pecho. — ¿Dónde estabas? —Le susurro al mismo tiempo que acaricio su mejilla y este besa la parte interna de mi mano. — En el baño, lavandome las manos. Me las ensucie con la sangre de Roger y luego con la del imbécil. —Gruñe eso último a lo que me giro de inmediato y busco sus manos para revisarlas. — ¿Estás bien? ¿Necesitas que te revisen? — Estoy bien, mi Val —Dice con ternura y me sonríe— Como te dije, no era mi sangre. Asiento y suelto de sus manos para a continuación, abrazarlo con todas mis fuerzas y por suerte soy correspondida. — Discúlpame por dejarte sola, ya iba de regreso a buscarte cuando te vi venir hacia acá. — No tienes porque disculparte —Digo mientras niego con la cabeza— Primero las prioridades y Roger lo era. — Tú también siempre lo serás. Me sonrojo, pero vuelvo a protestar. — Yo no estaba siendo atacada, nuestro amigo sí. Así que todo está bien. La música se reanuda en el lugar cuando todo vuelve a la normalidad y nuestra mesa también a su lugar, cuando el pleito queda aclarado y resuelto. Roger y Ceci se marchan juntos media hora después de lo acontecido, todos protestamos en querer acompañarlos pero ambos insistieron en que no era necesario y que ellos podían irse por su cuenta. Así que respetamos su decisión y solo los acompañamos hasta el auto de Roger, el cual fue conducido por Ceci. No había nada más que pudieramos hacer, más que respetar la decisión de ambos y su petición de quedarnos en el bar y disfrutar el resto de la noche. Ahora algo me dice que quizás está pasando alguna cosa entre ellos dos, pero decido no darle rienda suelta a mis pensamientos. Sino en disfrutar el resto del tiempo que me queda junto a mis amigos antes de regresar a casa. Junto a Rupert regreso a la pista de baile y después de unos casi treinta minutos de música electrónica, al DJ le da la loquera de cambiar drásticamente de música electrónica a balada romántica. Ejemplo: Al estilo de Mariah Carey. Ambos nos reímos y junto a tres parejas más, incluidos Sami y Jordan. Somos las únicos bailando en la pista. Sus manos en mi cintura y las mías a la altura de sus hombros nos guían al compás del ritmo del otro y de la música. Cuando ladeo la cabeza y la apoyo en un costado de su pecho, alzó la mirada hacia el frente y al final de la pista la silueta de Ryan está a la vista. Uno de los reflectores pasa por su rostro unos segundos y eso me da el tiempo suficiente para hacerme ver cuándo el niega con la cabeza hacia mi dirección. Lo ignoro he inhalo profundamente, me encanta el aroma de Rupert y su delicioso perfume del mercado. Nunca le han gustado los perfumes de marca. Le gustan los artesanales y con el tiempo, él a hecho que también me gusten. Amo su humildad, muchísimo. A pesar de ahora tener una mejor posición en la actualidad, él nunca olvida sus raíces y todo lo que pereció para llegar a donde ahora está junto con su familia. De no tener nada, ahora tienen en abundancia. La suerte que muchos desean pero que pocos se esmeran en ganar. Un beso suyo en mi mejilla me toma por sorpresa y mi corazón da un salto de gusto. En serio lo quiero mucho. — Vamos a casa... —Dice y asiento. — ¿Me das chance de ir al baño rápidamente? — ¿Vas a defecar o ha liberar? —Rie y también lo hago con fuerza. — ¡Asqueroso! —Chillo y me giro para ir al baño. — Te espero afuera. —Le escucho decir a lo lejos. Cuando paso al lado de Sami y Jordan les anuncio de nuestra partida y ambos asienten deseándome buenas noches. Al llegar al baño, ingreso feliz de la vida al ver que no me espera una gran fila, saludo a las cinco chicas que se encuentran chismeando en la entrada del mismo y luego a otras tres que están maquillándose. Todas me corresponden el saludo y sonriente me adentro en uno de los cubículos. Orino y limpio rápidamente y al salir lavo mis manos y luego me despido de todas nuevamente. Pero todo mi buen ánimo muere cuando estoy por salir del establecimiento y el insoportable se atraviesa en mi camino. — ¿Ya te vas? Asiento con la cabeza y busco pasar de el pero no me lo permite. — ¿Me das permiso, por favor? —Gimo frustrada, en serio no quiero tenerlo cerca. — ¿Te vas con tú novio? — ¿Mi novio? —Frunzo el ceño. — Sí, tu novio. —Repite— No me dijiste que tenías. — ¿Y porque tendría que decirte tal cosa? ¿O lo que sea? — Cordialidad y fidelidad. —Sonrie— ¿Ya sabe que nos hemos besado? Palidezco y mis labios se entreabren. — Ya basta. ¿Quieres? —Hago una mueca— Te recuerdo, que ambos besos han sido contra mi voluntad, tú me los haz robado. — Pero ambos los disfrutaste. Mis labios se cierran y en ese instante dejo de mirarlo a los ojos. ¡No lo soporto! — ¿A dónde van? —El pregunta— ¿Vas a su casa? — ¡Pero qué te pasa! —Chillo obstinada— Lo que hagamos no es de tú incumbencia. — Me incumbe, porque vas al teatro de la universidad en mi horario de ensayo y me pides que deje a tú amiga en paz. Cuando tú ya tienes a alguien, claramente. ¿Entonces porque yo no? Pongo los ojos en blanco, realmente en shock. Este hombre está loco de a metras. — Es que yo no te estoy diciendo que no tengas nada con nadie. Tú puedes tener a todas las mujeres que quieras, solo te exigí que dejes a mi amiga fuera de tú plan malévolo o lo que sea que sean tus intenciones. — No sé de qué hablas —Dice indiferente—. De igual manera, no eres quien para exigirme nada y la quiero a ella. — No seré nada en tú vida pero sí en la de ella. ¡Mírala! —La señalo, Sami aún sigue bailando junto a Jordan— Ella está de lo más feliz junto al chico que quiere. Anda... Ve y arruinales el momento, intentalo, ve y averigua si ella quiere algo contigo y si mi amigo lo permite. Gruño eso último y lo empujó para que se aparte y me de permiso, pero mi acto a sido en vano. Porque al contrario de alejarlo, sin querer lo he acercado demasiado y ahora sus manos rodean mi cintura. — ¿Celosa, bebé? —Susurra contra mi boca y un jadeo me traiciona. No sé que me pasa cuando lo tengo tan cerca, todo en mí tiembla como gelatina. — Ni muerta. —Gruño en respuesta y él lame con su lengua mi labio inferior. — No te vayas con él. Yo te llevo... —Dice en un susurro aún pegado a mi boca. — No. — Valerie. —Musita mi nombre con una suavidad que me acelera la vida y el corazón. — Ryan, suéltame. —Gimo en respuesta pero él no lo hace. — ¡Que la sueltes! —La voz de Rupert sumamente ronca me hace saber de su enojo y presencia tras de mí. Ryan alza la mirada, apartando así su rostro del mío al igual que sus labios. Suspiro ante ese hecho y aprovecho que su agarre en mi cintura pierde fuerza y me escapo de sus manos. Pero una de ellas toma nuevamente una de las mías con una rapidez que me deja muda. — ¿Y si no, qué? —Lo reta. Es increíble. ¡El tiene el descaro de retar a mi amigo! Aún contra mi voluntad. — Escuchame bien, niño rico —Dice entre dientes— No quiero problemas, pero tampoco me tientes porque no dudaré en partirte la cara. — ¡Holaaa! Aún estoy aquí, ya paren. —El temblor en mi voz hace evidente que estoy asustada. Pero ambos me ignoran pues se están matando con la mirada. — Pues como ves que no me de la gana de soltarla. De hecho, soy yo quien la llevará a su casa. Te puedes ir tranquilo. — ¿Disculpa? —Espeto en shock mientras lo miro a los ojos. Rupert ladea la cabeza, muerde la mejilla interna de su labio y los músculos de su mandíbula se hacen notar. «Oh Dios... No.» Está enojado y odio cuando eso sucede porque realmente cuando él entra en ese estado, nada del Rupert que conozco se deja ver. — ¡Que la sueltes! —Espeta en voz alta. — N-ooo. —Ryan mofa alargando la palabra. Olvidenlo, mejor no entraré en detalles. Pero gracias a Ryan, mi noche de distracción y desestres, no pudo salir peor. ****** Rupert estaciona su auto frente a mi casa y cuando apaga el motor giro hacia su lado y busco tomar una de sus manos pero él me esquiva. Sé que está enojado, hasta más no poder, pues Ryan realmente fue insoportable. Pero me duele en el alma ver a mi Rupert enojado conmigo sin razón. Yo no tengo la culpa, Ryan fue quien se interpuso en el camino. Nunca pensé que la noche terminaría de esta manera. Rupert no me dirigió la palabra en todo el camino. Y su seriedad me tiene el corazón arrugadito. — No quiero terminar la noche así, por favor. —Gimo en un susurro— Háblame, dime qué te tiene tan enojado conmigo. — ¿Enojado? —Pregunta con el ceño fruncido— Estoy furioso. Pongo los ojos en blanco y trago con fuerza. — ¿Por qué? —Digo en un hilo de voz. — Tú sabes porqué, te fuiste con él y yo como el propio estúpido me quedé esperando por ti afuera. Te fuiste con él después de todo lo que me dijo. Mi vista se nubla, mis manos tiemblan. Ese susto del que tantos hablan cuando pelean con un ser querido lo siento ahora, aquí en la boca de mi estómago. — Pero lo hice para que nos dejara en paz. Solo trataba de ayudar... — ¡No! Valerie —Me interrumpe— Tú caes en sus provocaciones. Tú alimentas su ego, él sabe que tiene un poder sobre ti y tú le das rienda suelta cada que a él le da la gana de provocar. — No, yo solo quiero que nos deje en paz... —Digo al mismo tiempo que niego con la cabeza. — ¿Cumpliendo sus caprichos? —Espeta. — Rupert, escúchame —Suplico—. Creeme, de verdad pienso que ese chico tiene un problema. Algo que ver con la bipolaridad, y por alguna razón hablar conmigo lo calma. — ¡Ay por favor, Valerie! —Resopla— No seas tan tonta. Es un truco, él es demasiado inteligente, un mujeriego a toda palabra. Pero en realidad te está usando, de bipolar no tiene nada. Al contrario, solo quiere llevarte a la cama y tú de ingenua estás cayendo en su juego. — ¡Rupert, no! —Chillo— No digas eso, no me trates así. — Digo lo que pienso y siento —Gruñe—. Le gustas, pero para una noche. Porque en la siguiente querrá a Samantha y así sucesivamente. — No voy a seguir escuchandote. Adiós. Como puedo y a toda prisa, intento abrir la puerta del copiloto pero Rupert activa el seguro de las cuatro puertas. — Rupert, basta —Grito— No tienes derecho de tratarme así, solo quise que dejaran de pelear eso es todo, por eso accedí a hablar con él —Sorbo mi nariz—. Odio verte así, no eres el Rupert que conozco cuando te enojas. Por favor, ya déjame ir. — El te gusta... — ¡Pero qué dices! —Vuelvo a chillar. — Lo que escuchaste. — ¿Eso es una pregunta o una aseveración? — Como quieras tomarlo. — ¿Y si me gustara qué? —Espeto— ¿Vas a odiarme por eso? ¿Vas a alejarte de mí? — Él no es el chico adecuado para ti. —Dice en voz baja y su temple serio desaparece. — ¿Entonces quién? —Mi voz se entrecorta más de lo que hubiese deseado debido a las lágrimas que abundan en mi rostro. Su silencio me mata, me consume el alma muy lentamente, pero el sonido del seguro de las puertas me sobresalta cortando la tan amarga tensión en el ambiente. Y me anuncia que irme solo está a mi disposición. Aspirando una fuerte bocanada de aire, musito: — Lo ves... Salgo del auto y cierro la puerta con cuidado de no tirarla. Al llegar a la reja de mi casa, busco las llaves en mi pequeña cartera y cuando me dispongo a cerrar la reja otra vez, Rupert lo impide al poner su zapato de por medio. Las llaves caen de mis manos al suelo y él las recoge al instante. Sin darme oportunidad de siquiera agacharme. Su mirada y la mía se encuentran, aunque no puedo sostenerle la mirada por mucho tiempo, pues el nivel de intensidad que veo en la suya me abruma. Hace palpitar mi corazón herido descontroladamente. — ¿Qué haces? —Susurro en un hilo de voz cuando veo que guarda las llaves en el bolsillo de su pantalón de mezclilla. Él no responde a mi pregunta y se da vuelta para caminar de regreso a su auto, al llegar, abre la puerta del copiloto y lo veo buscar algo en la guantera. Cuando cierra la puerta y se gira de vuelta hacia mi, distingo el paquete que tiene en sus manos. Son gomitas de fresa, mis favoritas. Mi vista vuelve a nublarse cuando lo veo mirar el paquete, morder su labio inferior y luego pasar su mano por su hermoso cabello castaño oscuro. Sus lindos y grandes ojos de un extraño color gris vuelven a los míos y un puchero me abandona. Porque incluso estando enojado, él siempre piensa en mí. Rupert se da vuelta de repente y apoya sus manos en el techo de su auto, segundos después deja caer el paquete de gomitas allí mismo y pasa sus manos otra vez por su hermoso cabello. — Rayos... —Apenas le escucho decir. Con mis manos temblorosas cierro la reja que da entrada a mi casa otra vez y doy unos cuantos pasos pero no los suficientes como para rozar con mis manos su hombro. Aún mantengo distancia pues no estoy segura de como él vaya a reaccionar si lo toco, estando tan enojado conmigo como lo está. No es que crea que él vaya a hacerme algo malo, al contrario, pero no quiero molestarlo más. — En realidad no estoy enojado, ¿Sabes? No contigo —Le escucho decir y me sonrojo pues es como si él hubiera leído mis pensamientos— ¡Estoy enojado conmigo! Por sentir... Se calla y mi corazón salta abordado por la ansiedad e incertidumbre. — Rupert, yo... — Él no es el hombre ideal, no... No lo es. —Dice al mismo tiempo que se gira para encararme. — ¿Lo eres tú? —Digo lo primero que pasa por mi mente y luego caigo en cuenta de lo que he dicho cuando lo veo ladear la cabeza. Él acorta esa pequeña distancia que nos separaba y sus manos un poco carraspozas por su trabajo, se apoderan de mi rostro. — Sí, el hombre de tú vida soy yo —Dice en un suspiro al momento en que roza mi nariz con la suya—. Pero por desgracia, esa no es una elección que me corresponda. Y reconozco, firmemente, que ahora no es el momento. Porque no estoy listo para darte todo lo que tú mereces. «¿Todo lo que yo merezco? ¿A qué se refiere con eso? » Hábilmente Rupert suelta de mi rostro cuando estoy por responder, aunque a decir verdad ni siquiera estoy segura de si realmente iba a responder. No tengo palabras, me cuesta creer que lo que pensaba hace unas horas atrás, en realidad es cierto. Muy cierto. Rupert está enamorado de mí. Y yo no sé, a este punto, si en realidad también lo estoy de él.
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