20:30 PM.
Los chicos planearon reunirse de nuevo en el bar de Lucho por el grupo de w******p.
Estuve a punto de volver a negarme, pero decidí avanzar.
Decidí ir.
Necesito despejar la mente de tantos pensamientos abrumantes, porque es evidente que desde que conocí al bipolar no he vuelto a ser la misma.
Él, a tenido mis pensamientos de cabeza.
Necesito dejar de pensar en sus provocaciones.
Porque aún sigo sin entender qué carajos me pasa con él y porqué toda su actitud de mierda me afecta tanto la existencia.
Sigo sin entender porqué todo él me afecta de esta manera.
No puedo seguir permitiendo que todo él arruine mi sueño cada noche.
¡Por Dios! Tengo ojeras por toda la ansiedad que él me genera.
Y yo no soy así. No desde que perdí a mamá. Nadie en el mundo después de su muerte me robó el sueño.
Amo dormir. ¡Carajo! Lo amo.
Y desde que él apareció en mi vida. Me es imposible conciliar el sueño con normalidad sin parar de dar vueltas en la cama.
En efecto, sí. Los profesores están haciendo de nuestros últimos meses de universidad un infierno y eso también me ha afectado el sueño por la cantidad de horas que invierto en cada investigación y trabajo, pero este chico... En pocos días a hecho de mi vida un desastre y lo peor, es que yo se lo permití.
Así que he decidido que no le daré más el gusto.
Saldré a pasarla bien con mis mejores amigos, antes de que Ryan y su loca banda de Rockstars, hagan de nuestra vida una locura mañana.
Me observo en mi espejo de cuerpo completo y sonrío al ver lo bien que me veo.
Este bello vestido de un color Carmesí como la seda muy bien ceñido a mi cuerpo, me queda de infarto.
Ajusto mi chaqueta de mezclilla para ocultar un poco mi escote en la parte superior de mis pechos y bajo la mirada hacia mis botines negros y de tacón.
Con la mirada, recorro cada centímetro de mi habitación pues sintiendo que algo me falta y no me equivoco al ver mi teléfono y monedero sobre mi pequeño escritorio casi oculto en una esquina de la habitación.
Sonrío y mientras guardo ambas cosas en mi chaqueta de mezclilla, escucho una bocina sonar en la entrada de mi casa.
Camino hacia la ventana y viendo hacia la calle después de echar a un lado la cortina, veo a Rupert salir de un lindo auto deportivo.
Tal vez de los noventa.
Es rojo y las ventanas son polarizadas.
Mi amigo se cruza de brazos y piernas y apoya el peso de su cuerpo contra la puerta del copiloto.
Sonrío al verlo.
Si tan solo supiera lo lindo y hasta sexy que se ve.
Por un momento, mi corazón se acelera cuando mis dedos recorren cada centímetro del collar en mi cuello.
Fue un regalo suyo, me lo dio en nuestro primer aniversario como mejores amigos. Recuerdo ese día con claridad, como si hubiese sido ayer.
Él tenía todo planeado, me sentía muy mal por todo lo que estaba haciendo ese día, puesto que yo solo había planeado salir a comer helados aunque también, en mi defensa, le hice una sencilla pulsera.
La cual no se quita hasta la fecha, por cierto.
Pero en cambio él… Me llevo a las afueras de la ciudad, tuvimos una competencia de carreras. Patinaje sobre hielo y una pequeña excursión en los bosques fronterizos. Para luego concluir el día con un dulce picnic en el parque de nuestra comuna y así darme la sorpresa final.
Este collar de oro blanco.
Es sencillo, pero delicado y glamuroso, como yo.
Todo eso, me hizo creer por un tiempo con lo que nuestros amigos tanto bromean sobre nosotros.
Todos dicen que con Rupert parecemos más que mejores amigos y nuestra amiga Samantha dice que somos almas gemelas.
De lo cual siempre río.
Pues esa nunca a sido mi intensión.
Lo quiero y amo, muchísimo. Pero no de esa manera.
Con el tiempo, ese pensamiento desvaneció cuando él me presentó a una de sus tantas amigas.
Aunque Rupert nunca, hasta los momentos, me a presentado una de sus tantas novias.
No le he conocido ni una.
Para él, solo son amigas. Siempre.
De esas amiguitas con beneficios claro está. Y si él realmente gustase de mí y yo de él como nuestros amigos vociferan, estoy segura que ni a sus amiguitas me hubiera presentado.
Nadie hasta ahora, más que nosotros mismos, puede entender nuestro nivel de conexión. Rupert fue mi primer amigo en toda la universidad, llegamos el mismo año aunque él una semana antes que mi persona y Samantha. Pero nuestra conexión fue inmediata, aún recuerdo ese día como si hubiese sido ayer. Estaba tan nerviosa al principio, pues estaba consciente de que sería la más joven de entre todos mis compañeros. Pero al entrar al aula y ser presentada por el profesor Green, sus ojos fueron los primeros que toparon con los míos y desde ese instante, supe que todo estaría bien.
No me pregunten cómo, pero supe que estaría a salvó. Sentí una confianza profunda y un cariño poderoso hacia él.
Algo más allá de mí.
Y lo confirme cuando ese día tuvimos una prueba de laboratorio y nos asignaron juntos. Estar sentada a su lado, fue algo realmente reconfortante.
Esos tres años de diferencia entre nosotros nunca fueron un problema. Por fortuna, a pesar de mi edad, siempre me he considerado una chica muy madura, aunque claro, como ya lo he dicho. También rebelde y berrinchuda, a veces…
Pero él siempre a sido un chico comprensible y sobre todo, maduro. Aunque bastante complaciente. Pero también el único que sabe cómo y cuando controlarme y callarme cuando sabe que estoy perdiendo el control.
Y eso, es lo que más amo de él y nuestra amistad.
Que me quiera y acepte como soy, y que de ser necesario, siempre me devuelva al carril cuando me encuentro desorientada.
Mejor dicho, él mantiene mis pies sobre la tierra.
Bajo las escaleras con cuidado y la voz de mi padre me sorprende desde la cocina.
— Ten cuidado y ya sabes… Envíame un mensaje por hora. No quiero activar el GPS.
— ¡Ay papá, por favor! —Ruedo los ojos mientras abro la puerta principal— No comiences, solo saldré hasta la media noche. Estaré con Rupert. Sabes que odio madrugar en la calle y él también.
— ¡Estás advertida! —Grita desde la cocina.
— Adiós.
Cierro la puerta después de mi triunfal despedida y caminando hacia la reja, la sonrisa de Rupert también me hace sonreír.
Ya en la acera, a unos pocos centímetros de distancia, mi amigo extiende su mano y la tomo sin dudar cuando lo tengo cerca.
Su proximidad es totalmente recibida de mi parte y cuando su mano derecha rodea la parte baja de mi espalda, su pecho y el mío se vuelven uno solo ante nuestro dulce y fuerte abrazo.
Mientras que su otra mano, no suelta la mía.
— Hola, mi Val. —Susurra contra mi cuello y su creciente bello facial me hace cosquillas.
— Hola, mi Rup. —Digo entre risitas.
El besa mi mejilla tiernamente y le correspondo al darle un beso en la suya también.
— Vamos… —Dice mientras me abre la puerta del copiloto— Estás muy hermosa, por cierto. Creo que esta noche tendré problemas.
— Ay por favor… —Río— Lo mismo podría decir de ti. ¡Mira lo guapo que te vez!
Su sonrisa es lo último que veo antes de que él cerrase la puerta del copiloto.
Lo veo rodear el auto y cuando ya está dentro, susurra:
— Gracias, pero esta noche mis ojos estarán sobre ti —Dice mientras enciende el auto—. Nada de buscar otras chicas cuando tengo tal belleza a mi lado.
— Oh sí. Vaya… —Vuelvo a reír— Sigue así y para la próxima te creeré. Estás mejorando tu lado conquistador cada día mucho más.
— Ah, me encanta —También se ríe—. Si tú lo dices, es bueno. ¡Me motiva! Eso indica que todo lo aprendido a válido la pena y que mis esfuerzos cosecharán grandes frutos.
— ¿Con quién? —Bromeo mientras lo veo conducir— Actualízame tú lista de conquistas.
Él ladea una sonrisa para luego aclararse la garganta.
— Solo hay dos. —Dice sin más y tal cosa me hace reír.
— ¿Y te parece poco? ¡Sinvergüenza!
Le doy un leve golpe con la palma de mi mano en su hombro y a cambio, él solo se muerde el labio inferior en respuesta.
No aparta la mirada de la carretera.
Ya estamos cerca del bar.
— Para ser sincero, una de ellas me gusta de verdad.
— ¡No me digas! —Susurro llena de emoción.
Como que por fin sucederá.
Le conoceré una novia.
— ¡¡Pero cuéntame!! —Chillo emocionada— ¿Cómo se llama? ¿La conozco?
— Quizás… —Dice mientras aparca el auto frente al bar.
Lo bueno de vivir en una ciudad pequeña, es que todo está muy cerca y el tránsito no es tan colapsado.
Al menos, no a esta hora.
— Vamos —Susurra y se quita el cinturón de seguridad—. Otro día te cuento sobre ella. Ésta noche se trata de cuidarte y que la pases muy bien. Necesitas librarte de todo ese estrés…
Hago pucheritos puesto que la curiosidad me gana por lejos.
— Prometimos que nada de secretos entre los dos. Así que más te vale contarme pronto o no voy hablarte por veinticuatro horas. —Digo mientras bajo del auto.
— No digas eso nunca más —Le escucho decir mientras lo rodea para llegar a mi—. Los mejores amigos no pelean —Susurra contra mi oído al mismo tiempo que toma de mi mano y la entrelaza con la suya—. Y si dejas de hablarme, te acosare por el resto de tú vida hasta que vuelvas hablarme.
Me privo de la risa y juntos pasamos la calle para adentrarnos al bar.
El ambiente del lugar está cargado de música, abundantes personas, aguardiente y humo de cigarrillo por doquier.
Lo cual me sorprende puesto que Lucho, el dueño del bar, siempre a tratado de que su negocio sea lo menos llamativo posible para no tener inconvenientes legales.
Eso implica, control en la cantidad de personas dentro del establecimiento.
Y esto, está al borde del colapso.
Todas las mesas están ocupadas. Y la barra, también.
Personas de pie tomando por doquier y mientras camino entre ellas junto a Rupert nos observan por unos segundos para luego seguir en lo que estaban. Beber hasta más no poder.
Mirando hacia una de las esquinas veo como una pareja está besándose a fuego lento.
Nótese el sarcasmo en eso de “lento”.
A dónde quiera que mire hay acción. Ya sea por amigos bromeando entre ellos o parejas besuqueándose.
Ahora recuerdo porqué últimamente desisto en venir cuando me invitan.
Esto ya no es tanto de mi agrado.
— ¡Rupert! —El grito y luego el silbido de nuestro amigo Jordan nos hace ver dónde está nuestro grupo de amigos al mismo tiempo.
Ambos sonreímos y caminamos hacia esa dirección.
Al llegar a la mesa, Roger y Jordan pitan al vernos tomados de las manos.
— ¡Hey chicos! —Roger levanta su trago hacia nuestras amistades en la mesa— ¡Ya es oficial! Rupert y Valerie…
— ¡Nada! —Rupert lo interrumpe mientras al mismo tiempo rueda una de las sillas para que me siente— Valerie y yo nada. —Vuelve a decir y me río.
— Ya paren… —Digo entre risas mientras acepto un trago de mi amiga Samantha— Con Rupert solo somos amigos. Lo quiero, me quiere. Pero como hermanos, ya dejen ese tema por la paz. ¡Por favor!
Termino de decir antes de tomar un sorbo de mi trago. Mi mejor amigo asiente con la cabeza y al mirarme, sonríe y me guiña un ojo. Como todo un cómplice ocultando su pecado.
Luego, él toma asiento a mi lado después de saludar a todos los chicos y en ese momento lo veo entreabrir sus labios y susurrarme un ‘te amo' claramente.
— Los hermanos no se toman de las manos. —Dice Jordan retomando el tema mientras se termina su cerveza y le lanza una mirada acusatoria a Ceci, una compañera de clases con la cual hemos compartido en algunas ocasiones.
Y aunque nuestra sección es muy popular en la universidad por ser el semestre graduante y por ser tan unidos, mayormente, siempre solemos estar juntos nosotros cinco.
Jordan, Roger, Samantha, Rupert y yo.
Ceci nos cae muy bien y ha sabido encajar entre nosotros, es por ello que últimamente la hemos incluido en nuestras salidas en lo que va del año.
— ¡Ya cállate! Claro que sí —Ella replica contra Jordan—. Y no tiene nada de malo.
El debate se extiende por más de diez minutos y mareada de mirar entre los dos, miro hacia mi mejor amigo y éste ya se encuentra mirándome fijamente, a lo que sonrío.
— ¡Basta! —Siento mis mejillas arder.
— ¿Por qué? —Él corresponde mí sonrisa— Te dije que esta noche tendría ojos solo para ti.
— Entonces… ¿Vas a coquetear conmigo? —Mis labios se abren de asombro fingido— ¿Cuántos tragos llevas ya? ¿Te me emborrachaste y ni cuenta nos dimos?
Él suelta una carcajada y al verlo así, ladeo mi cabeza mientras una leve sonrisa me abandona.
No sé si a sido el trago, pero la verdad, nunca había visto a mi mejor amigo de la misma manera en que lo hago ahora.
Sus hoyuelos me conmueven y el leve sonrojo en sus mejillas, me enternece.
No sé por qué, pero esta noche está más lindo de lo habitual. O tal vez apenas puedo aceptar esta parte de su realidad y faceta.
Su belleza.
Y no como mejor amiga, sino como mujer.
Me remuevo en el asiento y dejo de mirarlo de inmediato.
¿En qué carajos ando pensando?
¿Estoy loca o qué? ¡Borracha no! Yo tengo aguante y aún me falta para tan siquiera considerarme en un estado de embragues de lo peor.
Esto da miedo, porque me estoy contradiciendo y demasiado.
He de estarme dejando llevar por tantos pensamientos y comentarios de los demás. Lo cual, no debería ser.
— Quizás… —Lo escucho decir y al mirarlo, su seriedad me congela, lo que le hace reír a más no poder al ver mi palidez— ¡Es una broma Valerie! Estoy jugando contigo. Jamás te haría sentir incomoda.
— Oh vaya… —Suspiro un tanto aliviada.
— Pero de igual manera gracias por hacerme saber que no soy de tu agrado en ese sentido. —Ríe
Me sonrojo de nuevo y trato de negar con la cabeza, voy a decirle que esa no fue mi intención, que entendió mal mi comentario pero él vuelve a hablar.
— Eres hermosa, no mal entiendas eso y cualquier hombre podría enamorarse de ti. Incluso yo —Me mira y lo miro de vuelta—. Pero jamás expondría nuestra amistad a un destino fatal —Suspira muy cerca de mi rostro— Y la verdad… No quiero perderte, significas mucho para mí como para arruinarlo con algo así.
Un pucherito me abandona y acariciando su mejilla, ladeo la cabeza para susurrarle al oído:
— Tampoco quisiera perderte jamás —Me sonríe—. Me volvería loca, muy loca sin ti.
— ¿Más? —Susurra contra mi cuello en su típico tono burlón y sonrío de nuevo ante sus cosquillas con el bello facial.
— ¡Basta! —Chillo muerta de risa.
— Di que me amas y no puedes vivir sin mi. —Su voz tan suave me eriza la piel.
— Te amo y no puedo vivir sin ti. —Digo entre risas y él se detiene en el acto.
— Jamás podrás igualarme en ello, dulzura.
Él dice eso último con una total certeza que me hace dejar de sonreír y cuando estoy por responder… Samantha aparece junto a Roger con más tragos, haciéndonos finalizar nuestra discreta e inusual conversación.
No mentiré, me siento extraña y confundida.
Esto es extraño, la forma en que dijo eso… No es la habitual.
¿Acaso él me está insinuando algo?
O, la verdad. ¿Es que ya estoy tan tomada que estoy alucinando?